“Las carreras de cuadrigas eran el fútbol de los romanos”

8 marzo, 2019 · Archivado en Deportes, Equipos, Futbol, Santiago Posteguillo, Valencia CF · Comentarios desactivados en “Las carreras de cuadrigas eran el fútbol de los romanos” 

¿Le gustan las entrevistas o son el precio de la fama?

A mí me gustan porque indica que hay interés en lo que haces. Recuerdo una frase de Camilo José Cela en una de esas jornadas maratonianas en la que tuvo como trece entrevistas. “Estará usted agobiado con tanta entrevista”. Y respondió: “Más agobiado estaría si no hubiera hecho trece”. Es el happy problem, que dirían los ingleses.

¿Por qué siempre Roma?

Tiene una combinación especial. Son nuestros orígenes. Usted y yo hablamos un idioma que viene del latín y nos regimos por unas leyes que vienen del Derecho Romano. Y en lo trivial, en el calendario los días en rojo son los festivos porque ellos lo ponían así. Hacemos la siesta porque en la hora sexta los romanos descansaban… Por otro lado, novelísticamente es un periodo agradecido: puedes traer carreras de cuadrigas, gladiadores, batallas, asedios, magnicidios, luchas de poder…

¿Nota que ese periodo atrapa al lector?

Está en nosotros mismos. En 2019 vivimos en la Unión Europea... Parece algo importante en nuestras vidas. ¿Y por qué existe la Unión Europea? Porque hay un precedente y se llamó Imperio Romano. La unidad administrativa que iba desde Caledonia hasta Escocia, Siria, Norte de África, centro de Europa y Mediterráneo… Eso ya existió entonces y funcionó.

¿Y por qué cayó el Imperio Romano?

Por un cúmulo de circunstancias sociales, económicas, sanitarias y políticas. Pero a nivel anecdótico hay cosas atractivas. Militarmente influían cosas como no tener estribos para montar a caballo. Allá por el siglo IV después de Cristo comenzaron a ser invadidos por huestes de tribus llegadas del norte y centro de Asia, y esas caballerías eran bastante expertas y montaban con estribos. En un combate a caballo, tener un punto de apoyo puede ser determinante. Y lo fue, por ejemplo, en la batalla de Adrianópolis.

¿Quién fue Julia Domna?

Probablemente la emperatriz más poderosa que nunca tuvo Roma. Es una mujer inteligente, audaz y hermosa. No podía ser feminista, porque ese concepto no existía en la época, pero no vio en el hecho de ser mujer un impedimento para alcanzar sus objetivos.

¿Era aquella una sociedad machista?

Profundamente machista, pero luego fue a peor. La mujer tenía entonces una serie de derechos que luego se perdieron en la Edad Media. Hablamos de las mujeres libres, claro. Ellas se podían divorciar, retener el control de la fortuna familiar e incluso abortar.

¿Cómo es el proceso creativo de Santiago Posteguillo?

Primero he de enamorarme de un personaje o de una historia. Es el detonante. La fase dos es la documentación. Si la novela va del año 192 al 197, tengo que saber lo que pasa en ese periodo. Pero todo es todo. Después hago un esquema de lo que voy a contar, y el punto clave viene después, el cómo lo voy a contar para que sea entretenido.

¿Cómo lo consigue?

Supongo que hay algo personal en ello que se escapa. Intento utilizar una narrativa cinematográfica o de serie de televisión. Hago capítulos cortos, y suelen acabar en lo que los americanos llaman el cliffhanger, ‘estar colgado del precipicio…’. Son finales en alto. Y cruzo historias. Y el lector siempre está ávido de lo que va a pasar, de reencontrarse con otra historia.

¿A qué se refiere con narrativa de serie de televisión?

Suelo poner un ejemplo. La peli ‘Salvar al soldado Rayan’, de Spielberg. ‘El desembarco de Normandía’. Son como 25 minutos a lo bestia con un pedazo de presupuesto. Pero ni él tiene dinero para rodar eso 17 veces. Lo rodó una, pero probablemente puso 20 cámaras. Y luego se fue a la sala de montaje y empezó a repartir planos desde las diferentes tomas. Pues yo intento hacer lo mismo.

¿Cómo?

Narro la escena de acción desde diez o 15 puntos de vista distintos. En ‘Yo Julia’ hay una en el Coliseo. Pues yo cuento lo que pasa en la arena, lo que pasa en el palco imperial, lo que pasa en la primera línea de butacas donde están los senadores, lo que pasa en la última fila, donde están las mujeres, lo que pasa en los sótanos... Y escribo la acción completa desde cada lado, y luego la voy cortando y la pongo por trozos. Así que es plano-contraplano, plano-contraplano… pam, pam, pam.

Intuyo que escribe rápido...

Sí, cuando me fluye puedo escribir diez páginas en un día.

¿Cómo hay que imaginarle escribiendo? ¿Tiene manías?

Manías no, pero sí circunstancias en las que escribo mejor. Lo ideal para mí sería escribir en mi pequeña casa de campo en la Sierra de Espadán, con la chimenea encendida… Eso es la gloria. Pero la vida es otra cosa, promociones, viajes… ¿Dónde empecé a escribir ‘Yo, Julia’? En la octava planta del Hotel Marriot de Bogotá. Estaba de promoción de la última novela que había escrito sobre Trajano. Tenía delante de mí una especie de mirador por el que veía una ciudad de diez millones de habitantes. Era inspirador…

Aunque no fuera una chimenea…

Ahora escribo en estaciones de tren, en el AVE, en el que a veces he tenido que llamar al revisor para que echen del vagón a gente que está hablando por el móvil...

¿Escribir produce placer?

No sé si contar esto… Hay un estudio que habla de que hay una conexión entre las sustancias que uno segrega en ciertos momentos de excitación íntima y las que el cerebro segrega en momentos de creación artística en los que estás muy motivado. Imagínese si me gusta escribir.

¿Cuál es la línea roja entre lo que es historia y ficción en sus novelas?

Todo lo que se sabe tiene que aparecer como se sabe, esa es la línea roja. En el caso de Julia, sabemos cuándo conoce a Septimio Severo y que se querían, cuándo se casa, cuándo da a luz a sus hijos, cuándo va con su marido a las campañas militares… Eso no se puede cambiar.

¿Y qué no sabemos?

No sabemos cómo hacían el amor, ni cómo eran sus conversaciones privadas…

Entonces puede darle a Julia la personalidad que quiera…

Puedes jugar, hay un margen de maniobra, y esa es la parte de ficción. Lo que no puedo contar es que Severo perdió una batalla que en realidad ganó. Yo siempre intento recrear a los personajes como creo que fueron, con la hipótesis más probable.

Dígame, ¿en la Roma antigua se hacía deporte?

Sí, pero estaba muy orientado hacia el campo militar. Los senadores y sus hijos tenían que saber lucha, combatir, montar a caballo. Pero el deporte era más popular en el ámbito griego por las famosas olimpiadas. En realidad, en Roma, el deporte deriva hacia el espectáculo.

¿Qué gustaba más entonces?

De largo, el fútbol de la época eran las carreras de cuadrigas, pero también gustaba mucho la lucha de gladiadores.

¿Cuánta gente podía reunir una carrera?

Pues lo que nunca más se ha reunido, en el Circo Máximo cabían 250.000 personas. Imagínese qué barbaridad. Y movía muchísimas apuestas.

¿Sí?

Eran ilegales, pero todo el mundo apostaba. Tenías que tener cuidado porque tú podías entrar allí siendo una persona libre, con cierta fortuna, y salir esclavo. Te podías apostar a ti mismo.

¿Qué más hacían?

Las Naumaquias, que eran combates de barcos. No está claro si el Coliseo, antes de que se hiciera el subterráneo, se llegaba a inundar con agua para hacer alguna batalla naval.

¿Había algo más?

Las Venationes. Eran cacerías fingidas. Soltaban a todo tipo de fieras y eran capturadas por cazadores profesionales. A Cómodo le gustaba cazar a decenas y decenas de animales con un arco y flechas. Llegó a poner dos muros cruzados en el Coliseo, partiéndolo en cuatro partes, y se ponía a andar por la parte de arriba matando leones y otras bestias a diestro y siniestro.

Volvamos a la actualidad... ¿Se lee menos ahora?

Se leen cosas diferentes y muy cortas. Yo le digo a mis alumnos que no han de abandonar la lectura de cosas más extensas que estén en papel, porque eso conduce a la reflexión. Es una destreza distinta a las habilidades que desarrolla la gente joven ahora, de enlazar cosas muy diversas de manera rápida, que es lo que están haciendo constantemente.

¿Se apoya la literatura lo suficiente desde la política?

La clase política trabaja activamente y de forma coordinada para destruir la cultura. Vivimos en el Fahrenheit 451 del Siglo XXI. Los políticos de hoy no queman los libros en las plazas porque queda mal. Si pudieran, no dude que lo harían. Porque la gente que nos gobierna, en su mayoría, lo único que quiere es que la gente sea inculta, ignorante, poco leída, manipulable y fácilmente influenciable. Quieren idiotas y lo buscan a manos llenas. Desde todos los lados del arco parlamentario. Por eso se trabaja de forma constante para la destrucción de las humanidades.

Se le ve enfadado…

En Francia se subvenciona a las pequeñas librerías que no pueden pagar sus alquileres. Una librería no puede competir con lo que paga una multinacional de ropa por un local en el centro de una ciudad. En Alemania no sólo hay becas para comprar libros de texto, también para comprar novelas.

¿Prefieren promover los políticos el fútbol?

A mí me gusta y puedo ver un partido y disfrutarlo. Uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando vi a Iniesta meter ese gol que nos hizo campeones del mundo ante el antifútbol que estaban haciendo los holandeses. Fue la pera limonera. Poca gente recuerda que en ese Mundial perdimos el primer partido. Yo sí, porque ese día tenía una firma en el Corte Inglés de Alicante. Y allí no apareció ni dios (risas). “Es que no hay nadie en la calle”, me decía el director, todo apurado.

¿Por qué nos importa tanto el fútbol?

Tiene estrategia. Es una pequeña batalla. Por eso los entrenadores son tan importantes, porque deben leer el partido: “Cómo puedo avanzar o entorpecer la estrategia del otro”. Hay fuerza física conseguida a base de entrenamiento, luego hay esfuerzo. Bien entendido, hay muchos valores interesantes en el fútbol.

El deporte rey.

A mí lo que no me gusta es la utilización que se hace desde la política no sólo del fútbol sino de cualquier otro logro deportivo. Resulta cansino ver cómo cuando alguien destaca, el político de turno se quiere poner la medalla. Es bastante patético.

¿Cómo de futbolero es?

De pequeño tuve mi época de ir a Mestalla.

¿De dónde le viene su valencianismo?

De nacer aquí… Mi madre es valenciana y mi padre de Burgos. Mi padre tenía más simpatía por el Madrid, por aquello de ser castellano. Pero en mi casa también gustaba el Valencia. Y luego se trata sólo de seguir la corriente, ya sabe, los amigos del colegio, los vecinos, la universidad... Uno acaba siendo del Valencia.

Claro…

Yo crecí con Kempes, pero luego vivimos muy buenos momentos con las Ligas de Benítez, en la época de Ranieri y Héctor Cúper. El Valencia ha tenido grandes momentos.

¿Y ahora con la propiedad de Peter Lim?

A mí me parece un error. No veo mal que los clubes tengan la figura de Sociedad Anónima, pero no es inteligente como ciudad perder el control de grandes activos sociales y económicos. Aquí estaba Bancaja o la CAM, y los perdimos. Y con el Valencia ha sucedido lo mismo...

¿El fútbol es un activo?

Es un activo social para una ciudad. Habría sido mejor que algún grupo de poder económico de la Comunidad hubiera ejercido el control, pienso yo, sobre el Valencia. Eso pasa con el Villarreal, que está controlado por gente de la zona. Ahora, el Valencia está sujeto a una persona que no tiene el más mínimo interés por la entidad que no sea el económico. Eso no quiere decir que lo tenga que hacer mal necesariamente, pero nunca pensará en el bien social que ese equipo pueda generar en el entorno.

¿Veremos al Valencia ganar otra Liga?

Madrid y Barça concentran la mayor parte del apoyo económico que se puede tener. Se forma una distorsión que sólo se quiebra puntualmente, porque el fútbol no deja de ser un deporte, pero que a la larga resulta monótono. Quizá el modelo óptimo sea el de la NBA. Hoy la pueden ganar ocho o diez equipos y hay un nivel de ambigüedad que hace la competición muy atractiva para el espectador. En el fútbol sólo pasa a nivel europeo, en la Champions, que pueden ganar unos seis u ocho equipos… Y esa sí es la mejor competición.