El tío de Vallecas que cumplió el sueño americano como futbolista

Manuel Fonseca Hernández nació cerca del Puente de Vallecas, exactamente en la Avenida de la Albufera número 67, un 2 de agosto de 1948. Entonces Vallecas era un municipio independiente (se anexionó a Madrid en 1950). Dieciseis años después, aquel vallecano se marchó a Estados Unidos cuando se quedó huérfano. Manuel, Manolo para su familia española, había perdido a su padre con cuatro años, enfermo del pulmón, y sufrió la orfandad absoluta a los 15 cuando a su madre le falló el corazón. Sus tíos decidieron que se marchara a Estados Unidos para vivir con un tío de su padre que había emigrado en 1914 a California desde Galisteo, un pueblecito de Extremadura cecano a Plasencia. “Tuve la oportunidad de venir a Estados Unidos y vine corriendo a vivir con mi tío abuelo”, explica a través de su castellano con acento americano este pionero del soccer en Estados Unidos, que fue Niño de San Idelfonso y cantó premios en la lotería de Navidad de 1959.

Manuel jugaba al fútbol en el barrio y destacaba. Era un extremo zurdo pequeñín y habilidoso, que dominaba las filigranas. Le fichó el Borondo –“eran los más famosos de Vallecas quitando al Rayo”- y al segundo partido con ese equipo vallecano, que no aparece en Google, llegó un ojeador y le fichó para el Atleti. Llegó al juvenil colchonero entrenado entonces por el hermano de Adrián Escudero. Se entrenaba en su barrio, cerca del campo del Rayo, y jugaba los partidos en Carabanchel con compañeros de 18 años que le sacaban tres cuerpos. “Tenía más miedo que vergüenza, porque era pequeñito”, recuerda. “Tu corre y sigue el balón”, me decía el entrenador. Jugaba de extremo izquierdo y sus ídolos eran Gento y Collar. Un poco más el extremo del Atleti, porque se parecía a él jugando, pequeñín y habilidoso. También idolatraba a Di Stéfano y a Peiró, pero un poco más al Galgo del Metropolitano.

En 1965 dejó en Madrid su sueño de ser futbolista sin saber que lo iba a reenganchar como emigrante en Estados Unidos. Su tío abuelo vivía en Hayward, un pueblo entre San Francisco y San José, a media hora en coche de Sillicon Valley. Rápidamente se enteró de dónde se jugaba al fútbol y se apuntó a un equipo juvenil llamado IE Bercovich. Le ficharon rápido porque destacaba por su intensidad y habilidad. El único compañero estadounidense era el portero. “Ganamos la Copa de California”, recuerda con emoción. “Había dos húngaros, un inglés, dos o tres escoceses y estos, los scottish, me llevaron a mi siguiente equipo de la liga semiprofesional de California”.

Como dominaban los escoceses, el nuevo equipo se llamaba San Francisco Scots, aunque también jugaban peruanos, salvadoreños o alemanes. En esa liga estaba el Unión Española, formado por emigrantes españoles que le daban caña a Manuel: “Me decían que jugara con ellos y no con los escoceses, pero ya estaba en ese equipo y no me podía cambiar. Ganamos la Copa de California”. Dos años en Estados Unidos y dos títulos.

En Estados Unidos en los años 60 se jugaba muy distinto de Europa. “Era un fútbol mucho más violento. Se daban unos palos que no veas. En muchos partidos volaban las patadas, entonces corríamos al centro del campo y nos protegíamos entre todos haciendo un corro porque venía la pelea. El equipo de los griegos no veas cómo pegaba. A la gente le gustaba los deportes de contacto”.

Manuel se arremangó para aprender inglés y decidió estudiar en la Universidad de San José donde sacó una beca de fútbol. El entrenador de la universidad cambiaría su vida. Se trataba de un antiguo preparador de boxeo que se había reciclado en técnico de soccer (fútbol en Estados Unidos). Se llamaba Julius Menéndez, era hijo de asturianos, y fue el entrenador del equipo estadounidense de boxeo en los Juegos Olímpicos de 1960 celebrados en Roma en los que un tal Cassius Clay ganó la medalla de oro. El entrenador del que luego fue universalmente conocido como Muhammad Ali se recicló al fútbol, tuvo a sus órdenes y fue el mentor de la carrera futbolística de Manuel Hernández.

En la universidad, el joven español destacaba igual que el primer día que le hicieron una prueba a su llegada a California y marcó siete goles. “Había gente de Persia, de Turquía, latinoamericanos y mientras me formaba en literatura española seguía jugando al fútbol”. En la San José State University marcó 68 goles y dio 29 asistencias en tres temporadas, llegando a marcar seis tantos en un partido contra Stanford. Y ganó tres veces el campeonato de la NCAA.

Fue elegido mejor futbolista de Estados Unidos en 1968. Ese galardón se llamaba Premio Hermann y premiaba al mejor futbolista universitario, o sea, el mejor jugador porque no existía todavía otra liga (ese año arrancó la North American Soccer League, conocida como NASL, en la que Manuel Hernández triunfaría más tarde). Fue el mejor jugador de Norteamérica con Julius Menéndez de entrenador (Manuel le llama “Julio”).

Ese “Julio”, su entrenador en la universidad, el hombre que preparó a Ali para la medalla de oro en Roma 60, era el ayudante del seleccionador de Estados Unidos. “Julio”, Julius Menéndez, avisó a Manuel, al que empezaban ya a llamar Mani, para que hiciera las pruebas para la selección de USA que iba a intentar clasificarse para los Juegos Olímpicos de Munich en 1972. Era febrero de 1970. Mani no podía adquirir la nacionalidad norteamericana hasta mayo, cuando se cumplirían cinco años de su llegada de España. Sin ser ciudadano estadounidense superó las pruebas. Solo había que esperar a mayo.

Ya estaba dentro de la selección de Estados Unidos. Y con el pasaporte americano. Lo que suponía que también le podían llamar a filas para combatir en la guerra de Vietnam. Las manifestaciones se sucedían por todo el país en contra de la guerra a la que se negó a ir Muhammad Ali. Y Mani decidió volver a España para probar con el Rayo Vallecano. “Estuve entrenándome semana y media y jugué un partido en el campo de Vallecas contra el Atlético en un homenaje a Calleja. No me salió muy allá, pero lo pasé genial jugando con los profesionales. Peñalva, el entrenador del Rayo, me dio un buen consejo: 'Mejor acaba la carrera y haz tu vida en Estados Unidos', me dijo”. Lo mismo le aconsejaron sus tíos. Y se volvió para Estados Unidos para cumplir el sueño americano.

Allí le esperaba la selección, jugar los Juegos Panamericanos en Cali, que eran el preolímpico y fue decisivo porque marcó uno de los goles con los que Estados Unidos se clasificó para Múnich 72 haciendo historia como primer equipo de fútbol estadounidense que disputaba unos Juegos Olímpicos. Mani Hernández era la figura. “Todos eran grandotes y jugaban con pelotazos largos. Cuando me llegaba a mí el balón yo regateaba, era el chupón del equipo”. Estados Unidos empezó aquellos Juegos empatando a cero con Marruecos. El segundo partido lo perdió 3-0 ante Malasia. Y en el tercer partido, ante Alemania, “el entrenador quitó a ocho titulares y nos metieron siete”.

Así recuerda Mani lo que supuso su participación en Munich 72: “Fue emocionante representar a mi nuevo país. Los alemanes organizaron unos grandes Juegos Olímpicos. El ambiente era muy bonito y las instalaciones eran magníficas. Mirábamos al resto de atletas como si fueran dioses”. Hasta que unos terroristas conmocionaron al mundo al asesinar a once miembros de la delegación de Israel. “Aquello fue una experiencia horrible”.

A su regreso a Estados Unidos todos los integrantes de aquel equipo olímpico eran famosos. “Dábamos clínics, exhibiciones, conferencias por todo el país. Dábamos clases de soccer”. Fue el primer boom del fútbol hasta tal punto que el gobierno estadounidense legisló que se enseñara en los colegios. “Julio (Julius) Menéndez fue la persona más importante en esta área. Llegó a escribir un libro, ‘¿Cómo empezar a jugar al fútbol?’ se llamaba. Y eso que nunca había jugado al fútbol”. En ese auge del balompié llegó de seleccionador el alemán Dettmar Cramer, un hombre FIFA que había exportado el fútbol a Japón y llegaba a USA con la misma intención. Cramer llevó a Mani a la absoluta dos partidos en 1976. Y no fue más porque tenían que hacer gira y compatibilizaba su actividad de futbolista con la de profesor de español.

Por aquel entonces Mani Hernández era ya futbolista profesional, mejor dicho, cobraba del fútbol, aunque lo compaginaba con sus inicios como entrenador en colegios y como profesor de español. Y era la estrella del San Jose Earthquakes. Mani marcó el primer (y el segundo) gol en la historia de la franquicia, encuadrada en la NASL (North American Soccer League), la liga que había arrancado en 1967 y que en 1975 trajo a Pelé para el New York Cosmos. “Ganaba unos 1.000 dólares al mes. El dinero en la NASL lo ganaron los Pelé, Bobby Moore, George Best y las figuras que ficharon”.

Jugó tres temporadas en los Quakes que le convirtieron en la leyenda de la franquicia. Han pasado 9 lustros del primer gol de Mani y de la historia del San José Earthquakes y Mani es su leyenda y su embajador. Aquel gol fue el 5 de mayo de 1974 y lo marcó en Canadá contra los Vancouver Whitecaps ante los 17.343 presentes en Empiere Stadium. Mani afirma que tuvo suerte: "Fue un balón largo y yo dudé si ir a por él, cuando lo iba a enganchar también dude si controlarla o tirar, pero elegí tirar. Lo siguiente que recuerdo es a todos mis compañeros abrazándonos. No la vi entrar". Aquel día, tras el primer partido de los Quakes y el primer gol de Mani Hernández tuvieron que ir escoltados al aeropuerto ante la avalancha de aficionados que no les dejaban salir del estadio.  Mani también recuerda con cariño al entrenador yugoslavo que les dirigió en su debut en la NASL con los Quakes. “Iván Toplak era un entrador buenísimo. Había jugado en el Estrella Roja. La influencia de Toplak y luego de la Cramer, además de la de Julio Menéndez, claro, me hicieron convertirme en entrenador”.

Para ser entrenador aún le quedaban unos años. Le quedaba enfrentarse a Pelé con el Cosmos y jugar junto a Johnny More y Jimmy Johnstone, aquel extremo escocés que se hizo famoso en España por la eliminatoria de Copa de Europa Atleti-Celtic de Glasgow, en la que se las vio con Panadero Díaz. “Jimmy Johnstone jugaba muy bien. Y bebía mucho. Y borracho se regateaba a todos. ¡Menudo futbolista!”, evoca Mani entusiasmado.

Mani Hernández siempre compaginó sus partidos con el San José Earthaquakes con su profesión de profesor de español, así como la de entrenador en las academias que iban proliferando por todo el país, y como proselitista del fútbol.

Cuando dejó los San José Earthquakes (dejó de jugar, pero nunca se fue de los Quakes), se centró en la expansión del fútbol con exhibiciones y conferencias por todo el país y en 1979, Mani se embarcó en una nueva aventura balompédica. Empezó a jugar en la Major Indoor Soccer League (la MILS se jugó de 1978 a 1992) donde se practicaba una especie de fútbol sala que se jugaba en canchas de hockey y se podía utilizar las paredes de la cancha.

Ese soccer indoor era un juego rápido y muy violento. Al habilidoso Mani se le daba bien, pero tenía que protegerse. “No veas las patadas que había junto al muro del hockey, tenías que saltar para que no te cazaran. Yo ya tenía 30 años, pero estaba en forma. Ese tipo de fútbol ya lo conocía de haber jugado 5 partidos con los Quakes en 1975 que la NASL también probó este formato”. En esos 5 partidos marcó 3 goles.

En su etapa en el soccer indoor de la MILS, Mani militó en el Detroit Lightning y el San Francisco Fog. Marcó 17 goles y dio 14 asistencias en 61 partidos. En toda su carrera lució el dorsal 6, menos la campaña 79-80, la que jugó en Detroit, que vistió el número 22.

En la Major Indoor League Soccer vivía del fútbol. “Ganábamos unos 3.000 dólares al mes y con ese sueldo a finales de los 70 sí se podía vivir bien. Se llenaban todas las canchas. Fue un resurgir como el que hubo en el inicio de los Quakes en el que llenábamos los estadios. Éramos famosos y hubo en campos que teníamos que salir escoltados por la policía ante la avalancha de fans”.

Cuando ya se había retirado y había iniciado su exitosa carrera como entrenador, Mani jugó un partido con George Best. El crack irlandés también jugó en el San José Earthquakes en la campaña 80-81 un total de 53 partidos en los que marcó 21 goles, uno de ellos el mejor de la historia de la NASL. Con motivo del décimo aniversario de los Quakes se hizo un partido de las mayores figuras. Mani Hernández jugó de extremo izquierdo y Best por detrás de él, de interior. “¡Pásame la pelota, Georgi! Le gritaba yo. Y Best me dice: tu sigue corriendo. No paré de correr y no me pasó ni un balón. No se la pasaba a nadie. Solo regateaba. ¡Era más chupón que yo!”, cuenta Mani echándose unas risas.

Por qué el fútbol no ha conseguido conquistar a los estadounidenses es una pregunta recurrente. Ha habido varias fases en las que se ha intentado que el deporte preferido de la mayoría de los habitantes de la tierra triunfe en la primera potencia mundial. Y Mani Hernández las ha vivido todas. La primera vez fue después del éxito de la clasificación de Estados Unidos para los Juegos de Múnich 72, en los que participó Mani.

Mani recuerda como, al regreso de los Juegos Olímpicos, daban exhibiciones por todo el país y pusieron el soccer como asignatura obligatoria en los colegios. Estados Unidos siempre contó con un hombre muy futbolero en su administración: Henry Kissinger. A la vez que daba apoyo logístico para instaurar dictaduras por Sudamérica, era un activista balompédico y el empeño de su vida, además de combatir el comunismo arrasando democracias, era que en Estados Unidos se viviera con la pasión de Europa, Argentina o Brasil los partidos de fútbol. Para ello, en una segunda fase, aunque los Pelé, Cruyff y Best no lograron que los yankees se enamoraran del fútbol, se montaron academias de fútbol por todo el país.

Mani Hernández compaginó su carrera de futbolista y profesor como monitor y entrenador en esas academias. “Hay muchos medios. Los padres pagaban la cuota para que sus hijos aprendieran a jugar al fútbol y ya se jugaba mejor al fútbol que en los 60, con menos violencia”, Pero aún así, el fútbol no hacía la afición que se pretendía.

Mani Hernández lo explica desde la economía: “El problema es la distribución del dólar deportivo. El aficionado al deporte se gasta el dinero en fútbol americano, en baloncesto, en béisbol y en hockey, entonces no le queda para el fútbol. Pero la MLS ya va adquiriendo interés y seguimiento”.

Kissinger consiguió que la FIFA diera a Estados Unidos la celebración del Mundial 94. Aquella Copa del Mundo sirvió para atrer a más aficionados, pero no a tantos como le hubiera gustado a Henry. Según Mani Hernández, mejor futbolista de Estados Unidos en 1968 y protagonista en primera persona de toda la evolución del soccer en Norteamérica, “el fútbol de Estados Unidos necesita un éxito de la selección a nivel mundial, un triunfo internacional. La selección femenina lo ha tenido y todas las niñas quieren jugar al fútbol en Estados Unidos”. Mani ha entrenado a niñas y ha ganado muchos títulos. Mientras tanto, la MLS va creciendo como liga y Estados Unidos organizará otro mundial, junto a Canadá y México, en 2026. Y esta Copa del Mundo puede ser el espaldarazo definitivo que buscaba Herny Kissinger para el fútbol en los USA. Y que Mani Hernández, pionero del fútbol norteamericano, lo vea.

Una vez retirado, Mani se dedicó a ser entrenador y a ganar campeonatos. Siempre compaginó su faceta de educador, monitor y técnico con la de jugador y fue a partir de 1982 cuando se centró en los banquillos, desde donde también fue pionero en Estados Unidos como lo fue de futbolista porque inició el boom del fútbol femenino. Y con la Presentation High School de San José ganó 17 campeonatos de liga y ocho títulos de la sección Costa Central en los 24 años que dirigió a este equipo. Las enseñanzas durante su etapa de jugador de Julius Menéndez, Iván Toplak y Dettmar Cramer fueron decisivas en su vocación de entrenador. Varias chicas de las que entrenó llegaron a ser internacionales: Danielle Slaton y Aly Wagner, por Estados Unidos, y Mikka Hansen, por Dinamarca.

En 2015 ingresó en el salón de la fama de San José por toda su trayectoria deportiva. Y también cuenta con un campo que lleva su nombre, el Mani Hernández Soccer Field. Desde que se retiró como entrenador, ejerce de embajador del San José Earthquakes y representa al equipo de su vida en actos. “Sigo firmando autógrafos”, comenta orgulloso Mani. Las botas con las que marcó el primer gol de los Quakes se encuentran en el museo del club. Nadie olvida tampoco que Mani lideró al equipo cuando los Quakes vencieron al megacrack Pelé, quien visitó con su New York Cosmos un Spartan Stadium abarrotado por 30 mil hinchas eufóricos.

Cuando repasa su vida se considera afortunado por su carrera deportiva y por haberse encontrado en su trayectoria vital a personas que siempre le aconsejaron bien, empezando por Julius Menéndez, el entrenador de Cassius Clay en Roma 60 que luego se recicló al fútbol, así como Manolo Peñalva, el entrenador del Rayo que le dijo en 1970 cuando fue hacer una prueba a Vallecas, que mejor se quedara en Estados Unidos, acabara la carrera y jugase al fútbol en América. Mani se considera satisfecho por haberse formado en Norteamérica. “En James Logan tuve excelentes maestros. Siempre estaré agradecido a Estados Unidos por brindarme la oportunidad de aprender y obtener una educación. Además del fútbol, Estados Unidos me lo ha dado todo ". Le dio hasta su hijo Elliot Hernández, que no fue futbolista, aunque jugaba bien. Elliot se hizo Marine y estuvo en tres guerras con el ejército de los Estados Unidos de América. En España tiene familia. Y le siguen llamando Manolo. Uno de sus primos, Carlos Fonseca, que es también entrenador, se ha empeñado en que la historia de Mani Hernández se conozca en Vallecas, en Madrid y en España.

Mani tiene un buen retiro. Administró bien lo que ganó como profesor de español, como futbolista y como entrenador. Y con el auge tecnológico en los últimos años de Sillicon Valley vendió una propiedad familiar y lo que ganó lo invirtió en una casa con campo de golf donde casi todos los días se hace unos hoyos con su compañero Johnny Moore, que se quedó a vivir en los Estados Unidos. Mani y Johnny recuerdan batallitas de los Quakes como cuando marcó el primer gol de la historia de la franquicia de San José que compite en la actual MLS. Mientras el sol de California le dora la piel y patea en el green del hoyo 18, Mani vive despierto aquel sueño americano que inició a los 16 años. Mani hace un birdie. Esboza la media sonrisa de aquel Niño de San Ildefonso que cantó la lotería de Navidad de 1959 y, con su español con acento inglés, pero que aún mantiene ese deje cheli vallecano, exclama suavemente en voz alta: “¡Mira hasta dónde ha llegado un tío de Vallecas!”. Ese tío de Vallecas fue futbolista. El mejor jugador de los Estados Unidos en 1968, internacional con USA en Múnich 72 y estrella de los Quakes. Ese tío de Vallecas es un pionero en la conquista americana del soccer. Allí no le llaman Manuel. Ni Manolo. Le llaman Mani. Mani Hernández. Nació en Vallecas y triunfó en América. Y esta es su historia. Y se despide tras contarla. "¡Nos tenemos que tomar unas cañas y seguir hablando de fútbol!".  ¡Por supuesto, Manolo!

 

El tío de Vallecas que cumplió el sueño americano como futbolista

Manuel Fonseca Hernández nació cerca del Puente de Vallecas, exactamente en la Avenida de la Albufera número 67, un 2 de agosto de 1948. Entonces Vallecas era un municipio independiente (se anexionó a Madrid en 1950). Dieciseis años después, aquel vallecano se marchó a Estados Unidos cuando se quedó huérfano. Manuel, Manolo para su familia española, había perdido a su padre con cuatro años, enfermo del pulmón, y sufrió la orfandad absoluta a los 15 cuando a su madre le falló el corazón. Sus tíos decidieron que se marchara a Estados Unidos para vivir con un tío de su padre que había emigrado en 1914 a California desde Galisteo, un pueblecito de Extremadura cecano a Plasencia. “Tuve la oportunidad de venir a Estados Unidos y vine corriendo a vivir con mi tío abuelo”, explica a través de su castellano con acento americano este pionero del soccer en Estados Unidos, que fue Niño de San Idelfonso y cantó premios en la lotería de Navidad de 1959.

Manuel jugaba al fútbol en el barrio y destacaba. Era un extremo zurdo pequeñín y habilidoso, que dominaba las filigranas. Le fichó el Borondo –“eran los más famosos de Vallecas quitando al Rayo”- y al segundo partido con ese equipo vallecano, que no aparece en Google, llegó un ojeador y le fichó para el Atleti. Llegó al juvenil colchonero entrenado entonces por el hermano de Adrián Escudero. Se entrenaba en su barrio, cerca del campo del Rayo, y jugaba los partidos en Carabanchel con compañeros de 18 años que le sacaban tres cuerpos. “Tenía más miedo que vergüenza, porque era pequeñito”, recuerda. “Tu corre y sigue el balón”, me decía el entrenador. Jugaba de extremo izquierdo y sus ídolos eran Gento y Collar. Un poco más el extremo del Atleti, porque se parecía a él jugando, pequeñín y habilidoso. También idolatraba a Di Stéfano y a Peiró, pero un poco más al Galgo del Metropolitano.

En 1965 dejó en Madrid su sueño de ser futbolista sin saber que lo iba a reenganchar como emigrante en Estados Unidos. Su tío abuelo vivía en Hayward, un pueblo entre San Francisco y San José, a media hora en coche de Sillicon Valley. Rápidamente se enteró de dónde se jugaba al fútbol y se apuntó a un equipo juvenil llamado IE Bercovich. Le ficharon rápido porque destacaba por su intensidad y habilidad. El único compañero estadounidense era el portero. “Ganamos la Copa de California”, recuerda con emoción. “Había dos húngaros, un inglés, dos o tres escoceses y estos, los scottish, me llevaron a mi siguiente equipo de la liga semiprofesional de California”.

Como dominaban los escoceses, el nuevo equipo se llamaba San Francisco Scots, aunque también jugaban peruanos, salvadoreños o alemanes. En esa liga estaba el Unión Española, formado por emigrantes españoles que le daban caña a Manuel: “Me decían que jugara con ellos y no con los escoceses, pero ya estaba en ese equipo y no me podía cambiar. Ganamos la Copa de California”. Dos años en Estados Unidos y dos títulos.

En Estados Unidos en los años 60 se jugaba muy distinto de Europa. “Era un fútbol mucho más violento. Se daban unos palos que no veas. En muchos partidos volaban las patadas, entonces corríamos al centro del campo y nos protegíamos entre todos haciendo un corro porque venía la pelea. El equipo de los griegos no veas cómo pegaba. A la gente le gustaba los deportes de contacto”.

Manuel se arremangó para aprender inglés y decidió estudiar en la Universidad de San José donde sacó una beca de fútbol. El entrenador de la universidad cambiaría su vida. Se trataba de un antiguo preparador de boxeo que se había reciclado en técnico de soccer (fútbol en Estados Unidos). Se llamaba Julius Menéndez, era hijo de asturianos, y fue el entrenador del equipo estadounidense de boxeo en los Juegos Olímpicos de 1960 celebrados en Roma en los que un tal Cassius Clay ganó la medalla de oro. El entrenador del que luego fue universalmente conocido como Muhammad Ali se recicló al fútbol, tuvo a sus órdenes y fue el mentor de la carrera futbolística de Manuel Hernández.

En la universidad, el joven español destacaba igual que el primer día que le hicieron una prueba a su llegada a California y marcó siete goles. “Había gente de Persia, de Turquía, latinoamericanos y mientras me formaba en literatura española seguía jugando al fútbol”. En la San José State University marcó 68 goles y dio 29 asistencias en tres temporadas, llegando a marcar seis tantos en un partido contra Stanford. Y ganó tres veces el campeonato de la NCAA.

Fue elegido mejor futbolista de Estados Unidos en 1968. Ese galardón se llamaba Premio Hermann y premiaba al mejor futbolista universitario, o sea, el mejor jugador porque no existía todavía otra liga (ese año arrancó la North American Soccer League, conocida como NASL, en la que Manuel Hernández triunfaría más tarde). Fue el mejor jugador de Norteamérica con Julius Menéndez de entrenador (Manuel le llama “Julio”).

Ese “Julio”, su entrenador en la universidad, el hombre que preparó a Ali para la medalla de oro en Roma 60, era el ayudante del seleccionador de Estados Unidos. “Julio”, Julius Menéndez, avisó a Manuel, al que empezaban ya a llamar Mani, para que hiciera las pruebas para la selección de USA que iba a intentar clasificarse para los Juegos Olímpicos de Munich en 1972. Era febrero de 1970. Mani no podía adquirir la nacionalidad norteamericana hasta mayo, cuando se cumplirían cinco años de su llegada de España. Sin ser ciudadano estadounidense superó las pruebas. Solo había que esperar a mayo.

Ya estaba dentro de la selección de Estados Unidos. Y con el pasaporte americano. Lo que suponía que también le podían llamar a filas para combatir en la guerra de Vietnam. Las manifestaciones se sucedían por todo el país en contra de la guerra a la que se negó a ir Muhammad Ali. Y Mani decidió volver a España para probar con el Rayo Vallecano. “Estuve entrenándome semana y media y jugué un partido en el campo de Vallecas contra el Atlético en un homenaje a Calleja. No me salió muy allá, pero lo pasé genial jugando con los profesionales. Peñalva, el entrenador del Rayo, me dio un buen consejo: 'Mejor acaba la carrera y haz tu vida en Estados Unidos', me dijo”. Lo mismo le aconsejaron sus tíos. Y se volvió para Estados Unidos para cumplir el sueño americano.

Allí le esperaba la selección, jugar los Juegos Panamericanos en Cali, que eran el preolímpico y fue decisivo porque marcó uno de los goles con los que Estados Unidos se clasificó para Múnich 72 haciendo historia como primer equipo de fútbol estadounidense que disputaba unos Juegos Olímpicos. Mani Hernández era la figura. “Todos eran grandotes y jugaban con pelotazos largos. Cuando me llegaba a mí el balón yo regateaba, era el chupón del equipo”. Estados Unidos empezó aquellos Juegos empatando a cero con Marruecos. El segundo partido lo perdió 3-0 ante Malasia. Y en el tercer partido, ante Alemania, “el entrenador quitó a ocho titulares y nos metieron siete”.

Así recuerda Mani lo que supuso su participación en Munich 72: “Fue emocionante representar a mi nuevo país. Los alemanes organizaron unos grandes Juegos Olímpicos. El ambiente era muy bonito y las instalaciones eran magníficas. Mirábamos al resto de atletas como si fueran dioses”. Hasta que unos terroristas conmocionaron al mundo al asesinar a once miembros de la delegación de Israel. “Aquello fue una experiencia horrible”.

A su regreso a Estados Unidos todos los integrantes de aquel equipo olímpico eran famosos. “Dábamos clínics, exhibiciones, conferencias por todo el país. Dábamos clases de soccer”. Fue el primer boom del fútbol hasta tal punto que el gobierno estadounidense legisló que se enseñara en los colegios. “Julio (Julius) Menéndez fue la persona más importante en esta área. Llegó a escribir un libro, ‘¿Cómo empezar a jugar al fútbol?’ se llamaba. Y eso que nunca había jugado al fútbol”. En ese auge del balompié llegó de seleccionador el alemán Dettmar Cramer, un hombre FIFA que había exportado el fútbol a Japón y llegaba a USA con la misma intención. Cramer llevó a Mani a la absoluta dos partidos en 1976. Y no fue más porque tenían que hacer gira y compatibilizaba su actividad de futbolista con la de profesor de español.

Por aquel entonces Mani Hernández era ya futbolista profesional, mejor dicho, cobraba del fútbol, aunque lo compaginaba con sus inicios como entrenador en colegios y como profesor de español. Y era la estrella del San Jose Earthquakes. Mani marcó el primer (y el segundo) gol en la historia de la franquicia, encuadrada en la NASL (North American Soccer League), la liga que había arrancado en 1967 y que en 1975 trajo a Pelé para el New York Cosmos. “Ganaba unos 1.000 dólares al mes. El dinero en la NASL lo ganaron los Pelé, Bobby Moore, George Best y las figuras que ficharon”.

Jugó tres temporadas en los Quakes que le convirtieron en la leyenda de la franquicia. Han pasado 9 lustros del primer gol de Mani y de la historia del San José Earthquakes y Mani es su leyenda y su embajador. Aquel gol fue el 5 de mayo de 1974 y lo marcó en Canadá contra los Vancouver Whitecaps ante los 17.343 presentes en Empiere Stadium. Mani afirma que tuvo suerte: "Fue un balón largo y yo dudé si ir a por él, cuando lo iba a enganchar también dude si controlarla o tirar, pero elegí tirar. Lo siguiente que recuerdo es a todos mis compañeros abrazándonos. No la vi entrar". Aquel día, tras el primer partido de los Quakes y el primer gol de Mani Hernández tuvieron que ir escoltados al aeropuerto ante la avalancha de aficionados que no les dejaban salir del estadio.  Mani también recuerda con cariño al entrenador yugoslavo que les dirigió en su debut en la NASL con los Quakes. “Iván Toplak era un entrador buenísimo. Había jugado en el Estrella Roja. La influencia de Toplak y luego de la Cramer, además de la de Julio Menéndez, claro, me hicieron convertirme en entrenador”.

Para ser entrenador aún le quedaban unos años. Le quedaba enfrentarse a Pelé con el Cosmos y jugar junto a Johnny More y Jimmy Johnstone, aquel extremo escocés que se hizo famoso en España por la eliminatoria de Copa de Europa Atleti-Celtic de Glasgow, en la que se las vio con Panadero Díaz. “Jimmy Johnstone jugaba muy bien. Y bebía mucho. Y borracho se regateaba a todos. ¡Menudo futbolista!”, evoca Mani entusiasmado.

Mani Hernández siempre compaginó sus partidos con el San José Earthaquakes con su profesión de profesor de español, así como la de entrenador en las academias que iban proliferando por todo el país, y como proselitista del fútbol.

Cuando dejó los San José Earthquakes (dejó de jugar, pero nunca se fue de los Quakes), se centró en la expansión del fútbol con exhibiciones y conferencias por todo el país y en 1979, Mani se embarcó en una nueva aventura balompédica. Empezó a jugar en la Major Indoor Soccer League (la MILS se jugó de 1978 a 1992) donde se practicaba una especie de fútbol sala que se jugaba en canchas de hockey y se podía utilizar las paredes de la cancha.

Ese soccer indoor era un juego rápido y muy violento. Al habilidoso Mani se le daba bien, pero tenía que protegerse. “No veas las patadas que había junto al muro del hockey, tenías que saltar para que no te cazaran. Yo ya tenía 30 años, pero estaba en forma. Ese tipo de fútbol ya lo conocía de haber jugado 5 partidos con los Quakes en 1975 que la NASL también probó este formato”. En esos 5 partidos marcó 3 goles.

En su etapa en el soccer indoor de la MILS, Mani militó en el Detroit Lightning y el San Francisco Fog. Marcó 17 goles y dio 14 asistencias en 61 partidos. En toda su carrera lució el dorsal 6, menos la campaña 79-80, la que jugó en Detroit, que vistió el número 22.

En la Major Indoor League Soccer vivía del fútbol. “Ganábamos unos 3.000 dólares al mes y con ese sueldo a finales de los 70 sí se podía vivir bien. Se llenaban todas las canchas. Fue un resurgir como el que hubo en el inicio de los Quakes en el que llenábamos los estadios. Éramos famosos y hubo en campos que teníamos que salir escoltados por la policía ante la avalancha de fans”.

Cuando ya se había retirado y había iniciado su exitosa carrera como entrenador, Mani jugó un partido con George Best. El crack irlandés también jugó en el San José Earthquakes en la campaña 80-81 un total de 53 partidos en los que marcó 21 goles, uno de ellos el mejor de la historia de la NASL. Con motivo del décimo aniversario de los Quakes se hizo un partido de las mayores figuras. Mani Hernández jugó de extremo izquierdo y Best por detrás de él, de interior. “¡Pásame la pelota, Georgi! Le gritaba yo. Y Best me dice: tu sigue corriendo. No paré de correr y no me pasó ni un balón. No se la pasaba a nadie. Solo regateaba. ¡Era más chupón que yo!”, cuenta Mani echándose unas risas.

Por qué el fútbol no ha conseguido conquistar a los estadounidenses es una pregunta recurrente. Ha habido varias fases en las que se ha intentado que el deporte preferido de la mayoría de los habitantes de la tierra triunfe en la primera potencia mundial. Y Mani Hernández las ha vivido todas. La primera vez fue después del éxito de la clasificación de Estados Unidos para los Juegos de Múnich 72, en los que participó Mani.

Mani recuerda como, al regreso de los Juegos Olímpicos, daban exhibiciones por todo el país y pusieron el soccer como asignatura obligatoria en los colegios. Estados Unidos siempre contó con un hombre muy futbolero en su administración: Henry Kissinger. A la vez que daba apoyo logístico para instaurar dictaduras por Sudamérica, era un activista balompédico y el empeño de su vida, además de combatir el comunismo arrasando democracias, era que en Estados Unidos se viviera con la pasión de Europa, Argentina o Brasil los partidos de fútbol. Para ello, en una segunda fase, aunque los Pelé, Cruyff y Best no lograron que los yankees se enamoraran del fútbol, se montaron academias de fútbol por todo el país.

Mani Hernández compaginó su carrera de futbolista y profesor como monitor y entrenador en esas academias. “Hay muchos medios. Los padres pagaban la cuota para que sus hijos aprendieran a jugar al fútbol y ya se jugaba mejor al fútbol que en los 60, con menos violencia”, Pero aún así, el fútbol no hacía la afición que se pretendía.

Mani Hernández lo explica desde la economía: “El problema es la distribución del dólar deportivo. El aficionado al deporte se gasta el dinero en fútbol americano, en baloncesto, en béisbol y en hockey, entonces no le queda para el fútbol. Pero la MLS ya va adquiriendo interés y seguimiento”.

Kissinger consiguió que la FIFA diera a Estados Unidos la celebración del Mundial 94. Aquella Copa del Mundo sirvió para atrer a más aficionados, pero no a tantos como le hubiera gustado a Henry. Según Mani Hernández, mejor futbolista de Estados Unidos en 1968 y protagonista en primera persona de toda la evolución del soccer en Norteamérica, “el fútbol de Estados Unidos necesita un éxito de la selección a nivel mundial, un triunfo internacional. La selección femenina lo ha tenido y todas las niñas quieren jugar al fútbol en Estados Unidos”. Mani ha entrenado a niñas y ha ganado muchos títulos. Mientras tanto, la MLS va creciendo como liga y Estados Unidos organizará otro mundial, junto a Canadá y México, en 2026. Y esta Copa del Mundo puede ser el espaldarazo definitivo que buscaba Herny Kissinger para el fútbol en los USA. Y que Mani Hernández, pionero del fútbol norteamericano, lo vea.

Una vez retirado, Mani se dedicó a ser entrenador y a ganar campeonatos. Siempre compaginó su faceta de educador, monitor y técnico con la de jugador y fue a partir de 1982 cuando se centró en los banquillos, desde donde también fue pionero en Estados Unidos como lo fue de futbolista porque inició el boom del fútbol femenino. Y con la Presentation High School de San José ganó 17 campeonatos de liga y ocho títulos de la sección Costa Central en los 24 años que dirigió a este equipo. Las enseñanzas durante su etapa de jugador de Julius Menéndez, Iván Toplak y Dettmar Cramer fueron decisivas en su vocación de entrenador. Varias chicas de las que entrenó llegaron a ser internacionales: Danielle Slaton y Aly Wagner, por Estados Unidos, y Mikka Hansen, por Dinamarca.

En 2015 ingresó en el salón de la fama de San José por toda su trayectoria deportiva. Y también cuenta con un campo que lleva su nombre, el Mani Hernández Soccer Field. Desde que se retiró como entrenador, ejerce de embajador del San José Earthquakes y representa al equipo de su vida en actos. “Sigo firmando autógrafos”, comenta orgulloso Mani. Las botas con las que marcó el primer gol de los Quakes se encuentran en el museo del club. Nadie olvida tampoco que Mani lideró al equipo cuando los Quakes vencieron al megacrack Pelé, quien visitó con su New York Cosmos un Spartan Stadium abarrotado por 30 mil hinchas eufóricos.

Cuando repasa su vida se considera afortunado por su carrera deportiva y por haberse encontrado en su trayectoria vital a personas que siempre le aconsejaron bien, empezando por Julius Menéndez, el entrenador de Cassius Clay en Roma 60 que luego se recicló al fútbol, así como Manolo Peñalva, el entrenador del Rayo que le dijo en 1970 cuando fue hacer una prueba a Vallecas, que mejor se quedara en Estados Unidos, acabara la carrera y jugase al fútbol en América. Mani se considera satisfecho por haberse formado en Norteamérica. “En James Logan tuve excelentes maestros. Siempre estaré agradecido a Estados Unidos por brindarme la oportunidad de aprender y obtener una educación. Además del fútbol, Estados Unidos me lo ha dado todo ". Le dio hasta su hijo Elliot Hernández, que no fue futbolista, aunque jugaba bien. Elliot se hizo Marine y estuvo en tres guerras con el ejército de los Estados Unidos de América. En España tiene familia. Y le siguen llamando Manolo. Uno de sus primos, Carlos Fonseca, que es también entrenador, se ha empeñado en que la historia de Mani Hernández se conozca en Vallecas, en Madrid y en España.

Mani tiene un buen retiro. Administró bien lo que ganó como profesor de español, como futbolista y como entrenador. Y con el auge tecnológico en los últimos años de Sillicon Valley vendió una propiedad familiar y lo que ganó lo invirtió en una casa con campo de golf donde casi todos los días se hace unos hoyos con su compañero Johnny Moore, que se quedó a vivir en los Estados Unidos. Mani y Johnny recuerdan batallitas de los Quakes como cuando marcó el primer gol de la historia de la franquicia de San José que compite en la actual MLS. Mientras el sol de California le dora la piel y patea en el green del hoyo 18, Mani vive despierto aquel sueño americano que inició a los 16 años. Mani hace un birdie. Esboza la media sonrisa de aquel Niño de San Ildefonso que cantó la lotería de Navidad de 1959 y, con su español con acento inglés, pero que aún mantiene ese deje cheli vallecano, exclama suavemente en voz alta: “¡Mira hasta dónde ha llegado un tío de Vallecas!”. Ese tío de Vallecas fue futbolista. El mejor jugador de los Estados Unidos en 1968, internacional con USA en Múnich 72 y estrella de los Quakes. Ese tío de Vallecas es un pionero en la conquista americana del soccer. Allí no le llaman Manuel. Ni Manolo. Le llaman Mani. Mani Hernández. Nació en Vallecas y triunfó en América. Y esta es su historia. Y se despide tras contarla. "¡Nos tenemos que tomar unas cañas y seguir hablando de fútbol!".  ¡Por supuesto, Manolo!

 

Debutar así da gusto: el golazo de Sandro para el Valladolid

17 julio, 2019 · Archivado en Competiciones, Deportes, Equipos, Futbol, Ligas fútbol, MLS, Real Valladolid, San Jose Earthquakes, Sandro Ramírez · Comentarios desactivados en Debutar así da gusto: el golazo de Sandro para el Valladolid 
El delantero canario marcó en su debut con el equipo pucelano. Lo hizo con esta magnífica falta al palo del portero en el amistoso frente al San Jose Earthquakes.