Marc Gasol: «No hay que tener miedo a volver a jugar»

La Asociación Española de Médicos de Baloncesto ha organizado una mesa redonda virtual en la que se ha hablado de las vivencias personales, pasadas, presentes y futuras, que está trayendo la pandemia. Para ello ha contado con unos invitados ilustres, entre los que se encontraban tres internacionales del máximo nivel (Laia Palau, Marc Gasol y Ricky Rubio), el seleccionador nacional masculino y asistente en los Raptors, Sergio Scariolo, el Doctor Julio Calleja, preparador físico, y la fisioterapeuta de la Federación Española Ana López.

El baloncesto, como el resto del mundo, lleva parado más de dos meses. Pero dentro del baloncesto hay diferentes realidades y universos que se han visto reflejados en esta charla. Desde el superprofesionalismo de la NBA hasta las categorías de formación. Y aunque todos coinciden en lo extraño del momento y en la preocupación de cara a la vuelta a las pistas, especialmente por la forma física de los jugadores, no todos se encuentran en el mismo punto. Por ejemplo, Marc y Ricky, que ven más cerca una posible reanudación de la NBA, lo que les "anima porque te permite trabajar con objetivos, aunque aún no sean definitivos". Laia Palau lo ve de una manera muy diferente, una vez se suspendió la liga femenina y las competiciones europeas se acabarían en otoño, si es que se llega a jugar lo que queda: "Supongo que estoy más relajada que vosotros porque sé que tengo más meses para ponerme en forma y evitar posibles lesiones".

Sobre la preparación física se habló mucho. Primero acerca del trabajo que han hecho cada uno en sus casas. Julio Calleja, por ejemplo, explicaba que una de las cosas que más les preocupaba a los preparadores era el sistema nervioso y que les han puesto a los jugadores unos ejercicios bastante curiosos: "Aparte de toda la carga física de trabajo también los animábamos a recrear situaciones imaginarias de partido, con o sin balón, para que no perdieran esos hábitos tan importantes en el juego". Como fisioterapeuta, Ana López explicó las dificultades aún mayores que ha tenido para desarrollar su trabajo: "Al principio no teníamos equipos con los que protegernos y nuestro trabajo es todo contacto, así que no podíamos hacer nada. Ahora estamos volviendo poco a poco y hay mucha demanda porque hay muchas lesiones. Va a ser una situación heterogénea porque no todos han podido trabajar igual en sus casas".

Otra de las novedades que va a marcar la vuelta a los partidos será la ausencia de público. Y en este sentido parece que habrá gente más preparada que otros. "En formación estamos acostumbrados a jugar sin público", reconocía López, a lo que Palau añade que en el baloncesto femenino también les pasa más de lo que les gustaría y confirma la teoría del frío en las pistas de Scariolo. Y es que el técnico italiano ha aprovechado estos meses para informarse de cómo es eso de jugar en un recinto vacío. Ha hablado con equipos de la Euroliga que disputaron partidos a puerta cerrada antes de la suspensión ya también con gente de la Bundesliga, la primera liga de fútbol en volver a los campos, y ha sacado algunas conclusiones. "Todos me han contado que la comunicación va a ser completamente diferente. Se oye todo: lo bueno que te dice tu entrenador o un compañero, las indicaciones de los rivales, las protestas a los árbitros. Y también me han confirmado que hace más frío, al no haber público baja la temperatura y los que están allí lo notan", explica el técnico. Scariolo añade una reflexión que puede servir para la Liga Endesa y la NBA: "El que se adapte antes tendrá una pequeña ventaja competitiva y si la temporada es corta puede ser decisiva".

Marc, al que dice que le ha venido bien este parón para "hacer cosas que me pedía mi cuerpo y que durante una temporada no puedo hacer", tiene ganas de volver, igual que Ricky, y cree que de hacerlo hay que salir a la pista sin guardarse nada. "No hay que tener miedo a volver a jugar. Sí respeto, porque es un virus que ha demostrado tener una influencia muy negativa, pero una vez nos pongamos a jugar hay que hacerlo al 100%". En su caso puede que sea más fácil, a juzgar por las palabras de Scariolo sobre cómo está manejando la crisis la liga estadounidense: "La sensación de confianza en la autoridad de la NBA es la mayor que he vivido yo en cualquier sitio. Se piensa de verdad que la decisión que se tome será la mejor para todos".

Para acabar, Calleja quiso dar un mensaje positivo. La visión que tienen los preparadores españoles sobre los protagonistas del juego y el futuro inmediato del baloncesto: "Los jugadores están muy concienciados y en el futuro vamos a ser mucho más cuidadosos en no compartir botellas, toallas... Yo creo que vamos a aprender mucho y es algo positivo que hay que sacar de esto".

Ricky Rubio: «La química de aquel Barça nos llevó al título»

8 mayo, 2020 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, Euroliga 2009/2010, FC Barcelona baloncesto, Ricky Rubio · Comentarios desactivados en Ricky Rubio: «La química de aquel Barça nos llevó al título» 

Convertido hoy en una estrella de la NBA y de la Selección, el 9 de mayo de 2010, un joven base de 19 años, llamado Ricky Rubio fichado a principios de aquella temporada del Joventut del eterno rival azulgrana, dirigió con maestría al equipo de Xavi Pascual al segundo título azulgrana de la Euroliga.

Hoy, con 29 años y la paternidad recientemente estrenada (el pasado 15 de enero fue padre de un niño que se llama Liam)  está en Badalona a la espera de volver a la NBA. ¿Para cuándo está previsto?

Vaya a usted a saber. El día 9 abren los pabellones con entrenamientos voluntarios y en Arizona no será hasta el día 15. Estoy a la espera y cuando me avisen me voy. Tampoco me preocupo mucho porque como no depende de mí cuando me llamen les preguntaré ¿Cómo voy? Lo más seguro es que mi familia se quede aquí.

¿Cómo se ejercita ahora?

Tengo un gimnasio en casa y voy haciendo mis ejercicios. Además, me he adaptado a las nuevas tecnologías y sigo programas de preparación por skype con Raúl López, pero lo mejor es que toda mi familia está bien.

¿Recuerda esa Euroliga de 2010?

Por descontado, además mantengo mucho contacto con Jordi Trias y Víctor Sada y la recordamos a veces. La verdad es que piensas '¿ya hace diez años?'. Estos días he visto varios partidos antiguos y, entre ellos, esta final. En ella se vio a un Barça con un juego muy vistoso y espectacular.

¿Superior al Barça actual de los Mirotic, Tomic, Davies, Higgins y compañía?

Es muy difícil hacer comparaciones, pero sí que es cierto que todos los jugadores de aquella plantilla, excepto yo, estaban en su mejor momento. Si se mira la trayectoria de Juan Carlos (Navarro) esos dos o tres años fueron los mejores, también los de Pete Mickeal, de Erazem Lorbek, de Fran Vázquez, de Boni N' Dong. Así hicimos la temporada que hicimos, además de tener un staff técnico muy bueno.

¿Qué es lo que más recuerda de esa final?

Especialmente la afición, porque daba la impresión de que estábamos jugando en casa. Supongo que fue porque era París y estaba cerca de Barcelona. Allí estaban los jugadores del equipo de fútbol Piqué, Busquets, Puyol, Xavi, Bojan, el presidente del club Joan Laporta y toda mi familia en una grada increíble de seguidores del Barça.

¿Y en la pista?

Que jugamos muy bien, todos como equipo. El resultado fue abultado, pero no recuerdo por cuánto (86-68). Tuvimos el control del juego durante todo el partido frente a un Olympiacos con Teodosic, Childress, Papapaloukas, Kleiza, Schortsanitis, Bourousis... Una plantilla brutal.

¿Había una motivación especial?

Juan Carlos (Navarro) había vuelto de la NBA la temporada anterior y tanto él como la mayoría venían de perder en la semifinal de la Final Four del año anterior en Berlín contra el CSKA Moscú. Yo era un recién llegado pero vi, que con esa experiencia anterior, estaba muy claro que ese año era el de ellos. Como era nuevo, lo veía todo muy bonito: no sabía nada de lo que era llegar a una Final Four y ganar.

¿Se notaba en el ambiente del vestuario?

Había una sensación de no conformarse, de ir a por todo. El objetivo clarísimo de esa temporada era ganar la Euroliga. Creo que por eso se fichó a Pete Mickeal, Erazem Lorbek, Terence Morris y a mí. Pero lo más importante es la química que había y el control de los egos en un equipo con tanta 'estrella' como el que se reunió aquel año y en el que cada uno sabía el papel que tenía que hacer.

Además tenía un 'feeling' especial con Víctor Sada...

Hay algo que no olvidaré y que me dijo Víctor: "Nunca he sido amigo o muy amigo del otro base del equipo porque, al final, competimos los dos por tener minutos y ahora tú eres de mis mejores amigos dentro del equipo y eso nunca me había pasado". Eso es la mejor muestra de la química que había entre todos, incluso ahora mantenemos el contacto muchos del equipo.

¿Es cierto que esa sigue siendo la mejor temporada de su carrera?

Cuando acabó le dije a Jordi Trias que ese iba a ser el mejor año de toda mi carrera en cuanto a conjunto, porque me lo había pasado muy bien y encima habíamos ganado. Diez años después no me he equivocado. Sí que es cierto que en la Selección he encontrado también esa química, pero estoy hablando de estar toda un temporada en un equipo profesional. No he vuelto a tener una temporada con tan buenos momentos.

¿Y también la más divertida?

Bueno, en los entrenamientos, literalmente, nos pegábamos. Al acabar, en el vestuario, jugábamos a las cartas y a mil historias. Lo pasábamos tan bien, que teníamos muchas ganas de estar todos juntos y hacer equipo. Podríamos escribir un libro de todo esas historias.

¿Incluirían la de las hamburguesas al volver de los viajes de Euroliga?

Llegábamos a Barcelona a las dos o las tres de madrugada y en vez de irnos a casa nos íbamos a comer una hamburguesa a un kiosko de delante de la estación de Sants. Hablábamos y hablábamos y no nos acostábamos hasta las 5 de la mañana. Yo no sé que les decían a las mujeres los que estaban casados.

¿Recuerda lo que le dijo Basile, entonces el más veterano del equipo, al final del partido?

Llevaba once años intentando ganar la Euroliga y me dijo que ganar no era tan fácil, que no consistía en llegar y ganar. Era un título muy importante, pero al ser tan joven no lo valoraba como lo hago ahora. (El día antes de la final recibió el galardón como 'Rising Star' (Estrella Emergente) de la temporada 2009 2010).

La Copa abollada

El trofeo de la Euroliga que logró el Barça acabó abollado en el vestuario y Jordi Trías lo revela: "Ricky y yo nos íbamos pasando la Copa, que pesaba bastante, cuando apareció Uri Bonsoms, el jefe de prensa, poco habilidoso con las manos y el pase era muy bueno, pero se le cayó la copa al suelo y se abolló. A día de hoy aún lo está".

«Tras la muerte de mi madre sufrí una depresión y empecé a ver de otra manera el baloncesto»

4 noviembre, 2019 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, NBA, Phoenix Suns, Ricky Rubio · Comentarios desactivados en «Tras la muerte de mi madre sufrí una depresión y empecé a ver de otra manera el baloncesto» 

"Cuando tenía 10 años, mi padre me planteó la opción de apuntarme a fútbol o baloncesto. El fútbol era más popular y se me daba mejor así que me decanté por él. A las pocas semanas me arrepentí y le dije a mis padres que me cambiaran. Mi padre, apasionado de este deporte y entrenador del equipo femenino de El Masnou, intentó inscribirme allí. No era fácil porque ya había empezado la temporada, pero a cambio de hacer horas extra en el club le permitieron ese lujo. Él, sin pensarlo un momento, accedió encantado". 

Esta es una de las muchas historias que a Esteve Rubio, padre de Ricky, le gusta recordar mientras la familia hace algún viaje en el coche. También es una de esas historias que el propio jugador ha querido contar en una 'carta' en The Players Tribune, plataforma digital en la que suelen escribir asiduamente los jugadores de la NBA sus vivencias. En esta ocasión, Ricky desvela el lado más personal y emotivo de su vida: la relación con sus padres, cómo surge la idea de crear la Fundación Ricky Rubio, y aspectos más centrados en lo deportivo como la forma en la que conoció a Kevin Garnett o los retos que aún le quedan por tachar de su lista.

Con la historia de sus inicios en el baloncesto comienza su escrito. Aquella que contó su padre en un viaje en 2015 a Rochester, urbe a dos horas en coche de Minneapolis. Se dirigían a la 'Mayo Clinic' para que la madre del jugador, Tona, pasara una revisión. En 2012 le diagnosticaron un cáncer en los pulmones que ya había superado pero ese día le comunicaron tras las pruebas que había vuelto a aparecer y que se estaba extendiendo. 

El propio jugador reconoce que pasó un calvario durante esa temporada. En todo momento estuvo arropado por su equipo, los Timberwolves, y su entrenador Flip Saunders. Precisamente el técnico le pidió ese mismo verano que adelantara su regreso a Minneapolis para entrenar con Karl-Anthony Towns, elegido ese año como primera elección del draft. En ese primer entrenamiento, según recuerda, vio a un Saunders más delgado y con sombrero. Tras acabar la sesión, el técnico se reunió con él y le contó que padecía linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer que afecta al sistema inmunitario. Fue entonces cuando Ricky se sinceró y le contó lo que le sucedía a su madre. Flip se volcó de inmediato y le recomendó la clínica a la que acudió posteriormente el jugador. 

Tras acabar ese verano, y solo tres días antes de inaugurar la temporada ante los Lakers, Ricky y el resto de sus compañeros fueron informados en una reunión del fallecimiento de Flip Saunders. Fue entonces cuando el jugador empezó a vivir uno de sus peores años en lo personal. Esa situación le hizo sentir más miedo por su madre. "Llamaba casi a diario a mi casa para estar informado en todo momento. A veces mi padre tenía que colgar para atenderla y yo no podía evitar sentirme impotente al estar tan lejos. En el parón del fin de semana del All Star me escapé a España para verles", matiza Ricky. Una vez terminó esa temporada volvió para estar más tiempo con su familia. A las pocas semanas Tona falleció.

Tras vivir lo sucedido, el propio jugador reconoce que sufrió una depresión, perdiendo durante una época la ilusión por jugar al baloncesto: "Cuando volví a Minneapolis para preparar la siguiente temporada a veces pensaba en llamarla. No pude borrar su número. Le enviaba mensajes de texto y aún lo sigo haciendo. Durante una época sentí que estaba volviéndome loco. Ese año culpaba a todo el mundo, a mi familia y mis amigos, por como me sentía. Sufrí una depresión y empecé a ver el baloncesto de otra manera". El jugador contó con ayuda de especialistas que, junto a sus amigos y familiares, le pudieron sacar de ese pozo para reencontrarse de nuevo. 

Tan precoz a la hora de madurar como en lo deportivo, Ricky Rubio también recuerda cuando llegó a la NBA y conoció a la estrella del que sería su nuevo equipo Kevin Garnett: "Era 2011 y estaba en un apartamento en Los Ángeles. Aún esperaba a que se desbloquease mi situación para jugar en la NBA cuando mi agente me recomendó que asistiera a un partido de entrenamiento allí, que irían varias estrellas de la competición. Y cuando fui me encontré a Kevin, Paul Pierce y Paul George entre otros". El jugador comenta que al acabar la sesión Garnett se le acercó y empezó a hablar con él: "Ricky, chaval, he oído que vas a venir a Minny. Si le das a esas personas todo lo que tienes, créeme que te lo devolverán. ¡Confía en ello!".

Como es lógico, volvió a asistir a esos entrenamientos siempre que pudo. Y curiosamente sus amigos le preguntan si no se sentía intimidado por el hecho de estar compitiendo con 21 años al lado de estas estrellas. En ese momento, Ricky se acuerda de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en las cuales participó con 17 años, colgándose la plata tras enfrentarse en la final a una selección de Estados Unidos llena de estrellas como LeBron James o Kobe Bryant.

Once años después siente que ha cerrado ese ciclo: el base consiguió ganar este verano el Mundial con España siendo el MVP de la competición y recibiendo el galardón de las manos del propio Kobe. Este título con la Selección era uno de los grandes retos que aparecían en una lista que hizo junto a sus padres al aterrizar en 2011 en Estados Unidos. Otro de ellos era ganar un campeonato, algo para lo que sigue trabajando.

No obstante, el más importante, al menos en lo sentimental, era el utilizar su influencia para ayudar a personas que lo necesitasen. "En 2017 llegué a Salt Lake City para jugar con los Jazz. Curiosamente ese mismo año fue el primero en el permitían a las franquicias llevar publicidad en la camiseta y mi equipo lucía el logo '5 for the Fight', una fundación centrada en la investigación del cáncer", contaba Ricky. Ese año, visitó junto a su padre varios hospitales de Utah. Entre ellos el Huntsman Cancer Institute, centrado en la investigación de esta enfermedad. Y tan solo un año después nació la Fundación Ricky Rubio en honor a su madre: "el baloncesto es muy importante en mi vida, pero sé que puedo tener un impacto en este mundo de otras muchas maneras", concluye en las últimas líneas de su escrito. 

Mr. Bandejas ataca de nuevo: Ricky Rubio a punto de caer y se saca esto

3 noviembre, 2019 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, Memphis Grizzlies, NBA, NBA 07, Phoenix Suns, Ricky Rubio · Comentarios desactivados en Mr. Bandejas ataca de nuevo: Ricky Rubio a punto de caer y se saca esto 
El base español es un fijo en el juego de los Suns. Esta noche nos dejó esta gran acción ante Memphis. 2+1 a punto de irse al suelo.

Ricky cumple 500 partidos con números de jugador grande

25 octubre, 2019 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, NBA, Ricky Rubio, Utah Jazz · Comentarios desactivados en Ricky cumple 500 partidos con números de jugador grande 

Esta noche (03:00 hora española), en Denver y ante los Nuggets, uno de los mejores equipos de la NBA, Ricky Rubio (que acaba de cumplir 29 años) jugará su partido número 500 en la NBA. En realidad sería el 511 si se cuentan los once que disputó de playoffs en sus dos años en Utah Jazz. Pero en el deporte estadounidense las estadísticas de las eliminatorias se separan y los datos básicos se obtienen de las fases regulares. Ricky lleva hasta hoy 499 partidos de Regular Season y hoy juega el 500. Sus medias son de 11,1 puntos, 4,2 rebotes, 7,7 asistencias y 1,9 robos. Y sus porcentajes de tiro, su gran caballo de batalla, 38,8% en tiros de campo, 41,2% en tiros de dos, 32,1% en triples y 83,8% en tiros libres.

El partido 500 será el segundo de la recién estrenada etapa en Phoenix Suns, abierta con excelente sabor de boca en un aplastante triunfo inaugural ante los Kings, uno de los equipos revelación de la pasada temporada y un aspirante a, si todo le sale bien (el miércoles le salió todo muy mal) colarse en los carísimos playoffs del Oeste. Ricky sumó 11 puntos, 6 rebotes, 11 asistencias y 4 robos. No tiró bien (4/12) pero jugó un partido fantástico como director, mejorando todo lo que pasaba por sus manos y por una cabeza que Monty Williams, el nuevo entrenador de los de Arizona, afirma que siempre sabe lo que él va a ordenar. Así son los bases buenos de verdad. Después de seis años en los disfuncionales Timberwolves y dos en los competitivos Jazz, el salto a Phoenix Suns es la apuesta por un gran contrato (3 años, 51 millones) y por un rol de jugador ya veterano y estabilizador, un catalizador para dos jóvenes estrellas (Devin Booker y DeAndre Ayton) y una certeza para un proyecto que lleva nueve años fuera de playoffs... y dando tumbos. Así son las carreras deportivas, Ricky ya ha dejado atrás sus tiempos de joven promesa y de estrella en ciernes y ahora es un jugador con galones, experiencia y mucha inteligencia.

Y conviene recalcar esto porque hay que poner en perspectiva la figura del base de El Masnou, del que se esperaba tanto cuando era un niño prodigio que todo lo que ha venido después ha parecido a veces decepcionante. Y no es justo, como ha quedado claro en un verano en el que ha sido MVP del Mundial 2019, donde ha dejado además la gran actuación global con la Selección que se le había resistido en otros grandes torneos.

Histórico en cadete y precoz en los Juegos

Sí: Ricky no ha llegado a tanto como esperaban en Estados Unidos cuando aterrizó en Minnesota casi como una estrella del rock en el verano de 2011. Ni ha sido el jugador de otra dimensión que se esperaba en España cuando en el Europeo Sub-16 de 2006 firmaba cuádruples-dobles y dejaba en la final contra Rusia 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y 7 robos. Cuando jugaba la final de Pekín 2008 con solo 17 años, récord precocidad, después de haber debutado en la ACB en la temporada 2005-06 con 14 y 11 meses y antes de dirigir a un Barcelona colosal que ganó la Euroliga de forma estruendosa en 2010. Pero Ricky ha sido, es, un gran jugador de baloncesto. Con defectos y limitaciones, pero con unas enormes virtudes. Y ahora, cuando abre la puerta al segundo tramo de su carrera, en el deporte se pasa de promesa a veterano de forma casi inadvertida, esas virtudes empiezan a pesar demasiado en la balanza para que no se reconozca al Ricky director, al playmaker que tiró de España en un Mundial que parecía imposible de ganar a mediados de agosto y en el que promedió 14,6 puntos, 4,6 rebotes y 6 asistencias.

El partido 500 será también el 479 como titular, algo que desde luego no es fácil de conseguir y en lo que él ha sido estable durante ya casi nueve años en una NBA en la que debutó el 16 de diciembre de 2011, después de lockout y en el primer lleno en el pabellón de los Timberwolves en cuatro años. Había sido elegido (con un pick que originalmente era de Washington Wizards) en 2009 con el número 5 de un draft en el que los errores de los Wolves también le pasaron factura a él, a veces señalado por llegar menos alto que algunos de sus compañeros de generación. Con Blake Griffin como intocable número 1 y James Harden en el 3, la franquicia de Minneapolis tenía las elecciones 5 y 6 y las gastó en dos bases, Ricky y Jonny Flynn. Con el número 7 los Warriors eligieron... a Stephen Curry. Las comparaciones han sido odiosas desde entonces, para Ricky y para cualquier jugador del mundo no digamos para un Flynn que solo jugó 134 partidos con los Wolves y que lleva fuera de la NBA desde 2012.

Ricky ha ganado ya en contratos NBA 71,4 millones de dólares, sin contar los 51 que tiene ahora garantizados hasta 2022 en Phoenix. En octubre de 2014 firmó una ampliación de cuatro años y casi 56 millones con los Suns, que no querían que saliera libre al mercado en el siguiente verano, cosa que sí que hizo el pasado julio, cuando los Jazz miraron hacia otro lado (Mike Conley) y él estuvo cerca de Indiana Pacers antes de decantarse por los Suns. En Salt Lake City jugó dos años (12,9 puntos, 4,1 rebotes, 5,7 asistencias) y aprendió a moverse en un equipo mucho más competitivo y estructurado que unos Wolves que le habían traspasado en el verano de 2017 a cambio de una primera ronda de 2018. En Minnesota y durante seis temporadas con obvios altibajos, promedió 10,3 puntos, 4,2 rebotes y 8,5 asistencias a lo largo de 353 partidos, todos menos como titular. Allí se coló en el Quinteto Rookie de 2012 y fue reclutado dos veces para el Rising Stars del All Star Weekend (2012 y 2013), pero también conoció la cara menos agradable de la NBA, el deporte y la vida: malas temporadas en un equipo que no terminaba nunca de coger forma, las lesiones de rodilla y tobillo que le frenaron en 2012 y 2014, nada más firmar su nuevo contrato y, como uno de los momentos que han marcado su vida posterior, el fallecimiento de su madre en mayo de 2016.

El cuarto español con más partidos NBA

No es fácil ser un guard europeo en la NBA. De la última generación de grandes, no cuajaron jugadores como Nick Calathes, Alex Shved, Nando De Colo, Milos Teodosic, Vassilis Spanoulis o el Chacho, Sergio Rodríguez. Antes se volvieron con mal sabor de boca talentos descomunales como Djordjevic, Jasikevicius, Rigaudeau... El perfil de europeo con más trazos de triunfar sigue siendo un jugador alto y con los fundamentos y la muñeca más finos de este lado del Atlántico. Los mejores bases han sido Tony Parker, Goran Dragic, la explosión truncada de Drazen Petrovic, las carreras largas y productivas de Beno Udrih y José Manuel Calderón... Y allí está ahora los Satoransky, Schröder... y Ricky Rubio, que es el cuarto español con más partidos NBA tras los Gasol (1.226 Pau y 796 Marc) y Serge Ibaka (619).

Las estadísticas de Ricky también merecen una mirada con perspectiva: es decimoctavo histórico en media de asistencias, con esas 7,7 que entre jugadores en activo solo superan Chis Paul (9,6), John Wall (9,2) y Russell Westbrook (8,4). Siguen a Ricky, nada menos, LeBron James y Stephen Curry. En media de robos es segundo en activo y también está entre los 20 mejores de siempre con sus 1,9 (Chris Paul es también líder con 2,2). Son números que, por lo tanto, ya pesan de verdad. Tejen una carrera importante que quizá no siempre se ha juzgado con justicia porque, simplemente, esperaban más. Lo esperábamos todo. Pero llevar nueve años en la NBA siendo titular y promediando 11 puntos y casi 8 asistencias por partido no es nada fácil. Y la historia de la liga lo demuestra.

Los topes de Ricky en un partido son, en los principales apartados estadísticos, 49 minutos, 34 puntos, 13 rebotes, 19 asistencias, 6 triples y 8 robos. Totaliza 105 dobles-dobles y cinco tiples-dobles. Acaba de estrenarse con un excelente pie con los Suns y llega a su partido 500 en un momento dulce, con un poso de jugador inteligente, experto y que sigue viendo el baloncesto antes de que suceda. Un director de juego privilegiado al que los Suns, cansados de ser un desastre, han elegido como uno de los líderes llamados a cambiar la cultura de la franquicia. Y es fácil entender por qué: Ricky es, por encima de muchos otros análisis y comparaciones, un excelente jugador de baloncesto. Y como tal cumple 500 partidos en la mejor liga del mundo.

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