El rescate envenenado

Allá por febrero, el Tribunal Administrativo del Deporte revocó la sanción que la Agencia Española Antidopaje había impuesto al ciclista Ibai Salas por anomalías en su pasaporte biológico. La resolución tenía más profundidad, porque dejaba sin validez el método en España, que se quedaba en incumplimiento del Código Mundial, lo que podía llevar sin remedio a otra suspensión. El lío era aún peor, porque como el TAD y la AEPSAD están ambos adscritos al Consejo Superior de Deportes, el segundo no podía recurrir contra el primero, porque era recurrir contra sí mismo. Luego presumen de independencia. El CSD sí tenía la herramienta del recurso extraordinario de lesividad, pero es tan sonrojante para la Administración que se descartó rápido. Sólo restaba implorar la intervención de otro órgano externo.

Y así ha aparecido la Agencia Mundial Antidopaje como salvavidas de la inoperancia española. La AMA recurrió al límite del plazo por las dos vías posibles: por lo Contencioso en la justicia española y en el TAS para un arbitraje deportivo. La sentencia apelada castiga la falta de un desarrollo reglamentario del pasaporte en España, que no se hizo originalmente cuando se aprobó la Ley, ni tampoco nadie se ha esmerado después. A la par, en un exceso de sus competencias, el TAD también se mofó del método. Eso ha gustado poco en la AMA, que ha recurrido para proteger su sistema, pero también para poner en su sitio a su socio español. Si el TAD y la AEPSAD pertenecen al CSD, nadie puede pensar que el recurso de la AMA no vaya contra todos ellos. Un rescate envenenado que no libera a España de una futura sanción.