Un año sin clásicos

EI año 2020 será recordado como el año de la pandemia de coronavirus y la crisis sanitaria provocada por una enfermedad que ha afectado a prácticamente todas las naciones del planeta. En el mundo del deporte, este año pasará a la historia por cómo la grave situación provocó que muchas de las citas con más prestigio del deporte se vieron abocadas a la cancelación. Sin contar el aplazamiento de eventos como los Juegos o la Eurocopa, muchos clásicos anuales, muchos de ellos centenarios, no tendrán edición en un año negro.

La maratón de Boston se celebró por primera vez en 1897, un año después de que la distancia se recuperara para los Juegos de Atenas de 1986. Desde entonces, 123 ediciones ininterrumpidas, con imágenes históricas como la de Kathrine Switzer, mujer que rompió barreras, o el triste atentado de 2013, que no logró lo que ahora la pandemia, que se dejara de celebrar.

Primera edición: 1897. Ediciones disputadas: 123. Ediciones canceladas: 2020 (primera vez).

El torneo más antiguo del golf (1860) no tendrá lugar el próximo mes de julio. La edición 149 se tuvo que dejar para 2021. No era suspendido desde la Segunda Guerra Mundial. “Debemos actuar con responsabilidad para proteger la salud”, anunció la Royal & Ancient, la sociedad organizadora.

Primera edición: 1860. Ediciones disputadas: 148. Ediciones canceladas: 1871 (porque no había trofeo), de 1915 a 1919 (Primera Guerra Mundial), de 1935 a 1940 (Segunda Guerra Mundial) y 2020.

El torneo Conde de Godó, denominado Barcelona Open Banc Saba­dell, jamás había sido cancelado desde que se disputó su primera edición en 1953. En 2020 iba a alcanzar la 68ª con Nadal en busca de su 12º título. La organización, cubierta por un seguro, renunció a un posible aplazamiento.

Primera edición: 1953. Ediciones disputadas: 68. Ediciones canceladas: 2020 (primera vez).

La espectacular carrera de obstáculos del Hipódromo de Aintree (Liverpool) tuvo su primera edición en 1839. La de 2020, cancelada, había levantado expectación, ya que Tiger Roll se podía convertir en el primer caballo de la historia en conquistar la prueba tres veces consecutivas. 

Primera edición: 1839. Ediciones disputadas: 172. Ediciones canceladas: de 1916 a 1918 (Primera Guerra Mundial), de 1941 a 1945 (Segunda Guerra Mundial), 1993 (sí se disputó, pero no hubo ganador por una salida falsa multitudinaria) y 2020.

Sin contar las dos Guerras Mundiales, la única vez hasta ahora que el Tourist Trophy de la Isla de Man no tuvo carreras fue en 2001. Ese año la fiebre aftosa impidió la competición urbana (nacida en 1907) de motos más conocida. Y quizá la más peligrosa, con más de 250 víctimas.

Primera edición: 1907. Ediciones disputadas: 100. Ediciones canceladas: de 1915 a 1918 (Primera Guerra Mundial), de 1940 a 1946 (Segunda Guerra Mundial), 2001 (fiebre aftosa) y 2020.

El Automobile Club de Mónaco, organizador de la carrera de F1 más característica, la canceló porque no se podía celebrar en otro momento en 2020 dada la particularidad de la cita, en el casco urbano monegasco. La prueba, fundada en 1929, no se interrumpía desde 1954.

Primera edición: 1929. Ediciones disputadas: 77. Ediciones canceladas: de 1937 a 1947, 1949, 1951, 1953, 1954 y 2020.

El evento del Principado de Mónaco es uno de los más veteranos del circuito ATP (desde 1897) y se había celebrado sin interrupción desde 1946, tras haber sido suspendido antes de 1915 a 1918 y entre 1940 y 1945, como Wimbledon. Nadal lo ganó 11 veces, la última el año pasado.

Primera edición: 1897. Ediciones disputadas: 113. Ediciones canceladas: de 1915 a 1918 (Primera Guerra Mundial), 1925 (no se terminó), de 1940 a 1945 (Segunda Guerra Mundial) y 2020.

La regata que enfrenta a estudiantes de Oxford y Cambrid­ge tuvo que ser cancelada, algo que no ocurría desde las dos Guerras Mundiales. Una prueba que congrega a multitudes a las orillas del Támesis en Londres anualmente desde 1856, aunque sus antecedentes se remontan a 1829.

Primera edición: 1829. Ediciones disputadas: 165. Ediciones canceladas: de 1915 a 1919 (Primera Guerra Mundial), de 1940 a 1945 (Segunda Guerra Mundial) y 2020.

Fundada en 1929, la Vuelta al País Vasco regresó en 1969, tras no disputarse desde 1936 por la Guerra Civil (ni entre 1931 y 1934) y quedarse fuera del calendario. De gran tradición y peso en el ciclismo nacional y mundial, en 2020 se iba a disputar su edición número 60.

Primera edición: 1929. Ediciones disputadas: 59. Ediciones canceladas: de 1931 a 1934 (Guerra Civil), desde 1936 hasta que se recuperó en 1969 y 2020.

Un símbolo del deporte veraniego y una fiesta del piragüismo, que se celebraba ininterrumpidamente desde 1944 (su primera edición data de 1930), también tuvo que ceder a pesar de los esfuerzos por salvar el 90 aniversario.

Primera edición: 1930. Ediciones disputadas: 82. Ediciones canceladas: de 1936 a 1943 (Guerra Civil) y 2020.

La tercera prueba por etapas más antigua, por detrás del Tour y del Giro, se celebraba de manera ininterrumpida desde 1939, poco después de finalizar la Guerra Civil Española. Creada en 1911, este 2020 iba a conmemorar su edición centenaria, que será en 2021.

Primera edición: 1911. Ediciones disputadas: 99. Ediciones canceladas: de 1914 a 1919 (Primera Guerra Mundial), 1921 y 1922 (no se disputó), 1937 y 1938 (Guerra Civil) y 2020.

El 1 de abril, el All England Lawn Tennis and Croquet Club anunció la cancelación de Wimbledon, el torneo más antiguo del mundo (1877). No era suspendido desde la Segunda Guerra Mundial (no se celebró entre 1940 y 1945). Por culpa de la Primera, tampoco se disputó de 1915 a 1918.

Primera edición: 1877. Ediciones disputadas: 133. Ediciones canceladas: de 1915 a 1918 (Primera Guerra Mundial), 1940 y 1945 (Segunda Guerra Mundial) y 2020.

Carlos Arévalo, a la orden en el Ejército contra el coronavirus

Saúl Craviotto, el líder del K4 500 que debía aspirar a una medalla este verano en Tokio, cambió la piragua por la patrulla de la Policía Nacional cuando se anunció el aplazamiento de los Juegos a 2021. Y su compañero Carlos Arévalo, que palea tras él en la embarcación que conquistó la plata en el pasado Mundial, volvió a enfundarse el uniforme de campaña del Regimiento Príncipe de Infantería, al que pertenece en Cabo Noval (Asturias). "Estamos preparados para defender al país de cualquier problema y, por desgracia, en las situaciones peores. Aunque el coronavirus no sea un enemigo físico, también hay que luchar contra él", cuenta el gallego de Betanzos (26 años).

Arévalo debía estar estos días imbuido en los selectivos para definir la composición definitiva del K4 y ha pasado a tener su cabeza en la logística de organizar el despliegue de sus compañeros por la zona, para desinfectar lugares públicos y controlar el cumplimiento del confinamiento. También para salir cuando toque. "Aquí somos una gran familia, y ahí está el ejemplo de la UME (Unidad Militar de Emergencias), que lo está haciendo genial", alaba.

Cuando deja el cuartel, Arévalo tiene listo en casa un ergómetro (simulador de remo) y una bici estática. "Vivo solo y afortunadamente me pude dar prisa para meter el material. Ahora es fundamental no perder la parte aeróbica, porque la fuerza y la velocidad se recuperan pronto... Y no ganar peso”, explica sobre su rutina el coloso de 1,90 metros y 90 kilos. "En Gijón, Craviotto, Rodrigo Germade y yo vivimos a 500 metros, pero no nos vemos. Marcus Cooper se fue a Mallorca con la familia. Eso sí, todos los días estamos en contacto por Watsapp y Miguel García (su entrenador) nos marca las rutinas", relata.

Arévalo fue bronce mundial Sub-23 en 2016 y aspiraba a hacer su debut olímpico en Río 2016. Pero Craviotto ganó la plaza junto a Cristian Toro en el K2 200 que a la postre sería campeón. Ese "palo enorme" le empujó a pensar en el futuro y, siguiendo el consejo de Saúl, ingresó en el Ejército. "La disciplina ayuda en las dos facetas".

En principio, no formaba parte del K4, pero Cristian Toro causó baja mes y medio antes del Mundial de Szeged y Arévalo ocupó su plaza. Trabajó el doble para acoplarse y las nubes negras dieron paso a un billete para Tokio. Aún así, como todos, tendrá que refrendar su puesto en unos intrincados trials internos. "Deberían simplificarse, se queja. Pero acatará lo que haya. Siempre a la orden. Para lo que sea.

Carlos Arévalo, a la orden en el Ejército contra el coronavirus

Saúl Craviotto, el líder del K4 500 que debía aspirar a una medalla este verano en Tokio, cambió la piragua por la patrulla de la Policía Nacional cuando se anunció el aplazamiento de los Juegos a 2021. Y su compañero Carlos Arévalo, que palea tras él en la embarcación que conquistó la plata en el pasado Mundial, volvió a enfundarse el uniforme de campaña del Regimiento Príncipe de Infantería, al que pertenece en Cabo Noval (Asturias). "Estamos preparados para defender al país de cualquier problema y, por desgracia, en las situaciones peores. Aunque el coronavirus no sea un enemigo físico, también hay que luchar contra él", cuenta el gallego de Betanzos (26 años).

Arévalo debía estar estos días imbuido en los selectivos para definir la composición definitiva del K4 y ha pasado a tener su cabeza en la logística de organizar el despliegue de sus compañeros por la zona, para desinfectar lugares públicos y controlar el cumplimiento del confinamiento. También para salir cuando toque. "Aquí somos una gran familia, y ahí está el ejemplo de la UME (Unidad Militar de Emergencias), que lo está haciendo genial", alaba.

Cuando deja el cuartel, Arévalo tiene listo en casa un ergómetro (simulador de remo) y una bici estática. "Vivo solo y afortunadamente me pude dar prisa para meter el material. Ahora es fundamental no perder la parte aeróbica, porque la fuerza y la velocidad se recuperan pronto... Y no ganar peso”, explica sobre su rutina el coloso de 1,90 metros y 90 kilos. "En Gijón, Craviotto, Rodrigo Germade y yo vivimos a 500 metros, pero no nos vemos. Marcus Cooper se fue a Mallorca con la familia. Eso sí, todos los días estamos en contacto por Watsapp y Miguel García (su entrenador) nos marca las rutinas", relata.

Arévalo fue bronce mundial Sub-23 en 2016 y aspiraba a hacer su debut olímpico en Río 2016. Pero Craviotto ganó la plaza junto a Cristian Toro en el K2 200 que a la postre sería campeón. Ese "palo enorme" le empujó a pensar en el futuro y, siguiendo el consejo de Saúl, ingresó en el Ejército. "La disciplina ayuda en las dos facetas".

En principio, no formaba parte del K4, pero Cristian Toro causó baja mes y medio antes del Mundial de Szeged y Arévalo ocupó su plaza. Trabajó el doble para acoplarse y las nubes negras dieron paso a un billete para Tokio. Aún así, como todos, tendrá que refrendar su puesto en unos intrincados trials internos. "Deberían simplificarse, se queja. Pero acatará lo que haya. Siempre a la orden. Para lo que sea.

Saúl Craviotto, un abanderado contra el coronavirus

Afueras de Gijón. Antigua carretera entre la ciudad y Oviedo. Once de la mañana. Un control rutinario de la Policía Nacional para vigilar que se cumple el confinamiento decretado por el estado de alarma para evitar la expansión del COVID-19. Y una sorpresa: Saúl Craviotto, el piragüista que iba a perseguir este verano en Tokio su quinta medalla olímpica (tiene dos oros, una plata y un bronce), el hombre que iba a portar la bandera de España en el desfile inaugural probablemente junto a Mireia Belmonte, es uno de los agentes de la patrulla.

"Iba a tener los Juegos en pocos meses y por eso estaba liberado de servicio. Pero cuando nos confinaron en casa, envié un mensaje al comisario principal de Gijón para comunicarle que contaran conmigo si no se celebraban, que podía volver a la calle como uno más para arrimar el hombro", explicó a AS hace unos días Craviotto (35 años). Un deportista tímido, al que le hubiera gustado pasar inadvertido en su reincorporación al cuerpo porque entiende que sólo es uno más en el puzle de fuerzas de seguridad y sanitarios que luchan contra el coronavirus. Nadie excepcional. Nada de superhéroe sin capa.

"Volví a mi trabajo ante la necesidad de la situación que vivimos y estoy a disposición de los compañeros. No es ninguna heroicidad", cuenta a pie de cuneta.

El catalán (nació en Lleida) se entrena habitualmente en Trasona, un embalse cercano a Gijón, a las órdenes de Miguel García y con los compañeros del K4 500 con los que aspirará a subir al cajón en julio de 2021. Craviotto se afincó en la ciudad antes de lograr en Pekín 2008 su primer oro con Carlos Pérez Rial en K2 500. "Ya era policía antes que campeón olímpico", recuerda siempre el multimedallista. 'Perucho' también, y los dos patrullaron las calles en el mismo Zeta muchos años. Tan juntos como en la piragua. Son los mismos que en una operación contra el tráfico de drogas, después de entrar en un bar y colocar a los sospechosos cara a la pared para cachearles, vivieron una anécdota curiosa."Uno se dio la vuelta y nos dijo: ¿No sois los que ganaron medalla en Pekín?'. ¡Fue algo cómico; nos dio la risa!", recordaban hace tiempo. Esa época en la que 'hacían banda' con la UPR (Unidad de Prevención y Reacción) en El Molinón para proteger a los futbolistas. Ellos, campeones olímpicos.

Craviotto tuvo claro que cuando se acabara el deporte de alta competición debía tener un asidero. Por eso preparó las oposiciones a la Policía muy joven y, como otros deportistas de élite, pertenece a la Agrupación Deportiva del cuerpo, que les facilita compatibilizar su profesión con los entrenamientos. En Río 2016 compitieron otros tres policías, el también piragüista Javier Hernanz y los tiradores Pablo Carrera y Sonia Franquet.

"El deporte está ahora en un cuarto plano, lo que hay que hacer es centrarse en la salud", sigue contando Craviotto pertrechado de guantes y mascarilla contra el COVID-19, con su uniforme de la Unidad de Prevención y Reacción de la Brigada de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional en Gijón. Una sección que actúa a pie de calle, trabajo que había cambiado por el de Participación Ciudadana debido a su popularidad tras ganar MasterChef. Ahí, ofrecía charlas en colegios sobre, por ejemplo, acoso escolar.

Y tras los controles de mañana, por la tarde tocan sus rutinas con ergómetro (simulador de piragua) en la terraza de su casa, y atender a sus dos pequeñas. Como el resto de los españoles. El agente Craviotto. Igual, pero diferente. Porque bajo su uniforme podría lucir cuatro medallas olímpicas.

Craviotto: «Hay que resetear y pensar en el año próximo»

¿Cómo está viviendo el confinamiento?

Como todos los españoles, como puedo. Se me pasan los días rápido porque con dos niñas pequeñas no paramos. Me ha marcado mi entrenador una rutina y hago abdominales, core... y en una pequeña terraza tengo un ergómetro (simulador de piragua) y algo puedo ir haciendo, aunque no tenga nada que ver con el agua.

¿Por qué sentimientos y proceso mental ha pasado?

Pues recuerdo lo que estaba pensando hace un mes y no tiene nada que ver con lo que pensaba hace tres días, ni uno. Y esta semana va a ser muy dura. Asusta mucho. Me preocupo por mis padres, mis suegros de ochenta años... Los Juegos quedan en un segundo plano.

Ya sabe que serán en 2021. Y usted tendrá ya 36 años.

Creo que es la decisión más sensata y correcta. En petit comité los deportistas ya pensábamos en ello y veíamos precipitado atrasarlos a noviembre. Ahora hay que centrarse en sobreponeros al virus y, como deportistas, resetear y cambiar el chip. Borrar la fecha que teníamos en la cabeza y centrarnos en el año próximo.

¿Va a continuar, verdad?

Sí, seguirán siendo mis cuartos Juegos, aunque no deja de ser un mazazo moral. Es un golpe duro que te quiten el sueño de un día para otro cuando llevas años preparándote, pero lo importante son las personas. Ya estoy extramotivado, más que nunca. Tokio cobra ahora aún más sentido para mí. Voy a afrontar la temporada más dura de mi carrera porque me voy a dejar el alma y la piel para seguir llevando la bandera (sería el abanderado de España, por mejor palmarés) y dar una alegría a mi país.

¿Aguantó demasiado el Comité Olímpico Internacional?

No me gustaría estar en el pellejo de ningún dirigente. Desde el sofá y por la tele todo parece más sencillo, pero supongo que la problemática es enorme: contratos, ver qué dice la OMS, Japón, los deportistas, las federaciones internacionales... Estamos ante una situación nueva para todos y no quiero juzgar a nadie.

Usted tiene una doble vertiente: deportista y policía, que es su profesión. ¿Qué piensa desde esa perspectiva? Sus compañeros están jugándosela...

Iba a tener los Juegos en pocos meses y por eso estaba liberado de servicio. Pero hace diez días le envié un mensaje al comisario principal de Gijón para comunicarle que contaran conmigo si no se celebraban, que puedo volver a la calle como uno más para arrimar el hombro.

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