Milak, tan predestinado como Phelps

Dos países europeos rara vez defraudan en las grandes citas de la natación. La admirable insistencia de Italia y Hungría se confirmó ayer en una jornada antológica. Kristof Milak, 19 años, logró lo que nunca consiguieron el surafricano Chad Le Clos y el húngaro Laszlo Cseh, dos fenómenos de la mariposa. El chaval húngaro destrozó el récord mundial de Michael Phelps en los 200 mariposa, una hazaña que parecía inevitable. Milak es un predestinado. Como Phelps irrumpió como un relámpago con 16 años. Estaba escrito que rompería el récord (1.51.51 minutos) del nadador más célebre de la historia. No ha tardado mucho.

En una final que Chad Le Clos lanzó de manera trepidante, con la esperanza de romper el ritmo de su joven rival, Milak persiguió su estela sin pestañear, antes de un devastador ataque final. Le Clos levantó bandera blanca y se resignó a la derrota. El húngaro tenía dos planes: ganar su primer título mundial y batir el récord de Phelps. No falló. Su marca 1.50.73 impresiona aún más porque Phelps logró su registro en 2009, propulsado por un bañador de poliuretano, aceptados aquel año y prohibidos después.

Milak es el perfecto representante de la natación húngara, productora de campeones desde tiempo inmemorial. Hay una expresiva relación con el agua en un país de apenas 10 millones de habitantes. Italia supera los 60 millones y no tiene comparación en el arco mediterráneo. Fabrica nadadores de primer orden década tras década. Dos de ellos se lucieron ayer en Gwangju. La eterna Federica Pellegrini, que ha ganado todo desde 2008, derrotó a la australiana Ariarne Titmus y a la sueca Sarah Sjostrom en la final de 200 metros. Giorgio Paltrinieri, el dinámico fondista que se pasea en Europa, ganó la prueba de 800 metros con un nuevo récord de Europa. De España, no hay noticias. Tan cerca y tan lejos de Italia