Milagro de Virginia y lección de Texas Tech: ya tenemos final

7 abril, 2019 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deporte universitario, Deportes, División I Baloncesto NCAA, Fase final, Final Four, March Madness, NCAA, Organizaciones deportivas · Comentarios desactivados en Milagro de Virginia y lección de Texas Tech: ya tenemos final 

Drama, pasión, emoción, grandes historias, finales increíbles... todo eso es el March Madness, todo eso es la Final Four, y todo eso fue otra vez en las semifinales de 2019, en el US Bank Stadium de Minneapolis, el hogar de los Vikings (NFL), donde 72.711 personas disfrutaron (y sufrieron) con unas semifinales de las que salieron vivos, seguramente nunca mejor dicho, Virginia y Texas Tech. Por un lado el gran favorito tras las derrotas de Duke, Gonzaga y Kentucky, y por otro un equipo que es una especie de Cenicienta devoradora de almas, los Red Raiders de Chris Beard, un programa universitario que hace un lustro casi ni llevaba gente a su pabellón y que mañana jugará por el título nacional gracias a una defensa históricamente temible, a una dureza competitiva a prueba de bombas... y a su canción de guerra, el Old Town Road en el que Lil Nas X fusiona, o enfrenta, a las dos Américas, la del country y la del hip hop. La de Beard y la de sus jugadores, a 40 minutos ahora del primer título de Texas Tech en categoría masculina, el segundo después del logrado por el equipo femenino en 1993.

Michigan State se quedó sin respuestas

Texas Tech superó a Michigan State, alargó a una década el tramo de Tom Izzo sin triunfos en la Final Four y reventó (no ha hecho otra cosa durante el torneo) la que parecía final más probable. Los Spartans, después de superar a la Duke de Zion Williamson, no pudieron hacer más que el resto de equipos del país contra una defensa acorazada, infernal: 44 puntos totales al descanso (21-23), y al final mínimos de temporada en puntos (51) y porcentaje de tiro (31,9%) para los Spartans, que cayeron (51-61) fulminados finalmente por Jarrett Culver. El escolta de segundo año, un jugador salido de la nada y por lo tanto una personificación de su equipo, apunta al top 5 del draft. En la semifinal, y con todo el país mirando, no estaba teniendo un buen día (0/6 en la primera parte), pero cerró el partido con 9 puntos de sus 10 puntos, 6 cuando Michigan State se había puesto a uno. En el parcial de 0-9 final, anotó una suspensión, un tiro libre y el triple frontal que cerró cualquier opción de un rival hundido (51-58 a un minuto del final).

Para Culver serán los focos, pero Texas Tech no habría ganado sin el trabajo del ancla Tariq Owens (que se lesionó y volvió), Davide Moretti, Brandone Francis... y Matt Mooney, un jugador de quinto año que llegó desde South Dakota y que, con 24 años, hizo el partido de su vida y anotó 22 puntos con 4 triples, tres casi seguidos en el despegue (35-48) que parecía definitivo antes de que su equipo enlazara cinco minutos sin anotar y Michigan State se pusiera a uno a base de, básicamente, ir a la línea de tiros libres. Entonces apareció Culver.

Virginia sobrevive de forma increíble

El último obstáculo de Texas Tech son los Cavaliers de Virginia, que ganaron 63-62 a una Auburn que estuvo cerca, muy cerca, increíblemente cerca de culminar su torneo milagroso y dejar una final absolutamente improbable. También lo será esta, la primera con dos novatos en la lucha por el título desde la de 1979, el mítico Larry Bird-Magic Johnson (Indiana State-Michigan State). Un partido que cambió la historia del baloncesto. Pero al menos Virginia sí era una de las grandes favoritas a las puertas del Madness, lo que no implica que haya tenido que aferrarse a cada pequeña porción de suerte que el destino le tenía guardada después de que la temporada pasada fueran, ante UMBC, el primer cabeza de serie eliminado en el arranque del torneo por un seed 16.

Desde ahí, hace ya más de doce meses, el equipo de Tony Bennett ha convivido con la sombra de aquella derrota y ha bailado entre cocodrilos durante el torneo, evitando dentelladas casi en cada estación viviendo a golpe de milagro para colocarse en la final. Primero ante Purdue, con la canasta in extremis que forzó la prórroga, y en semifinales ante unos Tigers que tenían la victoria en el bolsillo después de un parcial de 0-14: de 57-47 (a 5:24 del final) a 57-61 a falta de solo 17 segundos. Entonces apareció Kyle Guy, que anotó un triple tremendo desde la esquina derecha (60-61) y cuando Jared Harper falló uno de sus tiros libres (60-62), acabó recibiendo en la izquierda para levantarse a la desesperada en el último segundo: fallo... pero polémica (y evitable, sobre todo evitable) falta de Samir Doughty. Tres tiros libres, los tres dentro, y 63-62. Y Guy convertido en el héroe de un equipo propulsado antes por Ty Jerome (21+9+6) y el otro top 10 del próximo draft que jugará, contra Culver, la gran final: De'Andre Hunter, un alero defensor y tirador (3+D) que acabó con 14 puntos y 5 rebotes.

Pasaron muchas en ese 6-1 final que provocó el vuelco: Auburn no solo se quejó de la falta definitiva, que en realidad sí pareció porque Doughty invadió el espacio del tirador. Antes, y con los Tigers a punto de consumir las faltas que le quedaban por hacer, Jerome pareció cometer dobles al subir la bola en el inicio del ataque... pero pudo (tal vez) recibir falta justo antes de su infracción no señalizada. El caso es que Auburn, que ha llegado hasta las puertas de la final pese a la terrible lesión de su estrella, Chuma Okeke, perdió un partido que en la segunda parte mereció ganar y dejó un final increíble y una de esas derrotas gloriosas que pueblan la historia de una Final Four que ahora asistirá al último capítulo de la redención de Virginia. Será ante el infierno móvil de la defensa de Texas Tech. Pero si hay alguien que no se asusta ante nada, después de su varapalo de 2018 y de sus episodios de escapismo de 2019, es precisamente la Virginia de Tony Bennett. Así que no se puede apostar a que vaya a ser una final muy vistosa pero de una cosa no hay duda: sí va a ser una final tremenda.

Ja Morant, el único que se atreve a discutir de lejos el reinado de Zion Williamson

22 marzo, 2019 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deporte universitario, Deportes, Deportistas, División I Baloncesto NCAA, Draft, Gente, Jugadores, March Madness, NCAA, Organizaciones deportivas, Sociedad · Comentarios desactivados en Ja Morant, el único que se atreve a discutir de lejos el reinado de Zion Williamson 

Cuando comenzó la temporada universitaria algunas voces alertaban de que había que girar la mirada hacia Murray St, una universidad pública de Kentucky donde jugaba un base llamado Ja Morant. En realidad la mayoría decían que iba a mejorar su primera temporada allí (12,7 puntos, 6,5 rebotes y 6,3 asistencias en 34 minutos de juego), pero pocos por no decir nadie esperaban que ese base desgarbado llegase al March Madness como el favorito en todas las quinielas del draft sólo por detrás del inevitable Zion Williamson.

Para llegar a este punto Morant ha firmado una temporada nuca vista en la NCAA. Sus 24,6 puntos, 10 asistencias de media son históricos, su mejora en todas las estadísticas salvo en los rebotes le presentan como un jugador con un techo incalculable y su desempeño en la cancha más allá de los números como alguien hecho para jugar (y triunfar) en la NBA.

Han sido varios partidos los que les ha sacado las castañas del fuego a su equipo, uno de los primeros en lograr el pase para las eliminatorias por el título. Su capacidad atlética, que se ve mejor que nunca en los impresionantes mates que hace día sí día también, es lo que más llama la atención. También en sus arrancadas y cambios de ritmo. Pero hay cosas escondidas más allá de los fuegos artificiales que le convierten en un jugador muy especial.

Por ejemplo su buen manejo del balón con ambas manos, lo que le ha permitido multiplicar exponencialmente una visión de juego ya de por sí bastante elevada. También se ha puesto las pilas en defensa, donde dobla los robos respecto al año pasado (0,9 por 1,8), quedándose muy cerca de unos más que respetables 2 por partido. Y su mejora general en el lanzamiento es otro de sus puntos fuertes, especialmente en el tiro de dos, donde promedia un magnífico 50,3%. En triples aún no está en una cifra para considerarle una amenaza total (33,6%) pero ha subido sus números respecto a la 2017/18 en un 3%. 

Y los tiros libres, un arma muy importante para alguien como él que no rehuye el contacto y saca muchas faltas, los tiene bajo control. 81% de acierto por el 80,6% de la temporada pasa, aunque tirando el doble de veces. Para un jugador que está lanzando más de ocho tiros libres de media, asegurar el 80% de acierto es un dato muy importante.

No va a ser el 1, porque Zion tiene aspecto de jugador generacional, de los que aparecen una vez. Pero Morant es el otro nombre sobre el que ahora mismo parece que se puede construir un proyecto ganador a largo plazo, siendo él el jugador franquicia. El tiempo nos dará la razón o nos la quitará sobre esto último, pero si tienen dinero y quieren apostar sobre seguro, apuesten por el 2 de Morant en el draft. Ni ustedes ni el equipo que le elija se va a arrepentir. 

March Madness: cómo es y cómo funciona el gran torneo del baloncesto estadounidense

18 marzo, 2019 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deporte universitario, Deportes, División I Baloncesto NCAA, March Madness, NCAA, Organizaciones deportivas · Comentarios desactivados en March Madness: cómo es y cómo funciona el gran torneo del baloncesto estadounidense 

Como cada año, llega marzo y se desata la locura en el baloncesto estadounidense: es tiempo del torneo universitario, el NCAA Division I Men's Basketball Tournament. El March Madness: la locura de marzo. Uno de los hitos del calendario deportivo en Estados Unidos y una explosión mediática sin comparación en el baloncesto; Nada, ni las finales de la NBA, se aproximan a lo que genera el torneo universitario, en todos los sentidos. en EE UU. Sus grandes rivalidades están en la esencia misma de su deporte y en la vida de sus ciudadanos. Héroes, villanos, remontadas, desastres, guiones más propios de Hollywood, apuestas que saltan por los aires, historias que acaparan los medios de comunicación... por algo se llama la locura de marzo.

El torneo elige, cada año, al campeón del baloncesto universitario y a él acceden, después de la temporada, 68 equipos de la máxima categoría del país, la División I de la NCAA (National Collegiate Athletic Association). Su historia, aunque su formato y disposición ha ido evolucionando a lo largo de los años, se remonta a 1939 y se debe a la idea de varios entrenadores, a la cabeza Harold Olsen, de Ohio State. Su palmarés lo domina UCLA (11 títulos), seguida por Kentucky (8), North Carolina (6) y Duke e Indiana (5). Pero desde que se expande a 64 equipos en 1985, Duke es la gran dominadora (sus 5 han llegado en ese tramo) por delante de North Carolina (4). Dos rivales históricos de Carolina, frente a frente. Desde 2011 todos los partidos se pueden ver en directo en cualquier lugar del mundo, y desde 1969 el torno ha sido televisado. Ahora los derechos en EE UU pertenecen a TNT, CBS, TBS y TruTv.

Cuatro regiones compitiendo a todo o nada

El torneo se organiza por rondas y en partidos de eliminación directa. El cuadro (el famoso bracket sobre el que se hacen las apuestas en Estados Unidos) se divide (con esta nomenclatura desde 2007) en cuatro regiones: East, South, West y Midwest (Este, Sur, Oeste y Medio Oeste). De cada región, con los partidos en sedes neutrales preseleccionadas, sale un campeón regional que avanza a la Final Four, la final a cuatro: las semifinales y final de las que sale el campeón y que se celebra, como gran colofón, el primer fin de semana de abril.

La estructura del torneo es la siguiente: una primera ronda (First Four) que reparte las cuatro últimas plazas para que se pase a las 64 del torneo definitivo y tres semanas con cinco rondas más: first round (primera), round of 32 (segunda), sweet 16 (semifinales regionales), elite 8 (finales regionales) y las semifinales y final que conforman la Final Four, el sábado y lunes del fin de semana definitivo. Todos los partidos, hay que insistir porque esa es la verdadera esencia del torneo, el combustible de la locura, son a eliminación directa: el que gana avanza, el que pierde se va a casa.

Las 68 plazas se distribuyen así: 32 son para los campeones de las 32 Conferencias de la Division I. Reciben automáticamente plaza en el torneo. Las otras 36 las da por invitación un comité de selección de la NCAA; que hace su anuncio en un gran evento televisado (el Selection Sunday). Los equipos se dividen por regiones: en el cuadro final tras los partidos del first four, 16 en cada una de las cuatro. En ellas, se colocan por ranking, del 1 al 16. Y así van jugando: el 1 contra el 16, el 2 contra el 15... de tal forma que los dos mejores de cada región solo pueden enfrentarse en al final regional, con un billete para la Final Four en juego.

El comité de selección de la NCAA elabora el ranking de los 68 equipos, del 1 al 68, y de ahí se va componiendo el bracket: los cuatro primeros se reparten entre las cuatro regiones como cabezas de serie de cada una de ellas, los cuatro siguientes serán los cuatro números dos y así sucesivamente. Establecido el cuadro, comienza la locura, las tres semanas en las que el baloncesto se apodera de Estados Unidos y que acaban con una universidad coronada como la gran reina del país.