Morata se reencontró el día que España pareció algo perdida

Ocho cambios y seis zurdos. No funcionó el equipo nuevo, donde sólo se mantuvieron las ganas de récord de Sergio Ramos y la necesidad de recuperar a Marco Asensio y a Morata para la causa. España juntó a un elenco de zurdos, a los que suele dar gusto ver: Hermoso, Gayá, Bernat, Canales, Saúl y el propio Marco, pero si el balón no corre es imposible sorprender ni siquiera a Malta. Esta vez faltó fluidez, que es más preocupante que la falta de gol. Al menos, Morata se sacó la espina haciendo bueno el juego directo primero y aprovechando un majestuoso centro de Jesús Navas nada más salir, que se ha ganado como nadie un lugar en estos dos encuentros su lugar en esta Selección.

Gayá y Bernat, para hacer un Alba. Contra Noruega, más allá de la poca puntería, funcionó la amplitud y la profundidad que proporcionaban el sevillista por la derecha y, sobre todo, Jordi Alba por la izquierda. Aún siendo buenos laterales, entre Gayá y Bernat no hacen un Alba, hoy por hoy el lateral más influyente del fútbol mundial. Lo que daría Argentina por tener un Alba cerca de Messi.

Los pitos a Ramos. Es increíble la capacidad que tienen unos pocos futbolistas de trascender, ya sea por ser marcados por hechos puntuales o por el respeto que infunden en las aficiones rivales. A Sergio le persigue hasta en los campos más insospechados la lesión de Salah en la final de Champions, Por la manera en la que se cuida, batirá todos los récords que se proponga y los que le admiran, e incluso los que le pitan, le recordarán como uno de los mejores centrales de la historia.

La hermosura de lo nuestro. Puede que lo romántico esté 'demodé', pero el fútbol se ha trasladado del corazón de los aficionados a los departamentos comerciales primero y, cada vez más, a un juego de financieros. No debería estar reñida la búsqueda de formatos más atractivos para la Champions League con el respeto por las competiciones nacionales. De manera muy gráfica me explicaban la parábola de la autopista de circunvalación que se crea para bordear el pueblo y que, al final, lo aboca a la clandestinidad. El fútbol debería preservar por encima de todo los sentimientos de los aficionados. La grandeza de la Champions radica en su excepcionalidad. Convertir la futura Euroliga en lo rutinario es bueno para algunos planes de negocio y malo para el fútbol en general.