«En el segundo título con Durant ya no había nada de diversión»

17 mayo, 2020 · Archivado en Baloncesto, Chicago Bulls, Competiciones, Deportes, Equipos, Golden State Warriors, Kevin Durant, Michael Jordan, NBA, Stephen Curry · Comentarios desactivados en «En el segundo título con Durant ya no había nada de diversión» 

Los Bulls ganaron seis anillos en ocho años: las seis temporadas (1990-93 y 1995-98) que Michael Jordan jugó completas. En la 1993-94 no estuvo por su extraña primera retirada y en la 1994-95 volvió ya tarde y para caer en playoffs contra Orlando Magic. Los threepeat son en realidad algo muy difícil de alcanzar: solo los Celtics de Bill Russell, los Bulls de Jordan y los Lakers de Kobe y Shaquille los han logrado. Desde entonces (2000-2002), nada: ni los Heat de LeBron James ni los Warriors de Stephen Curry, la última gran dinastía y un equipo que ha jugado las últimas cinco Finales de la NBA (2015-19). Solo aquellos Celtics (diez: 1957-66) pueden presumir de algo semejante. Y ganaron nueve, por las tres de los de la Bahía.

El ansiado threepeat se fue al traste por las lesiones de Kevin Durant y Klay Thompson en playoffs. Pero los Warriors sintieron en sus carnes la presión que supone mantener una dinastía en perfecto estado de revista, seguir compitiendo al máximo cuando lo has ganado todo, responde a la exigencia física y mental de tantas temporadas seguidas de éxito. Los Warriors, en definitiva, experimentaron algo parecido a los últimos Bulls del Jordan, los que dan título al documental The Last Dance. Entre ambos hay una conexión muy directa: Steve Kerr, escolta en el equipo de Jordan y entrenador en el de Curry, Klay, Kevin Durant, Draymond Green...

En la temporada 1997-98, la del último anillo (The Last Dance), los Bulls ya sabían que ese proyecto histórico acabaría allí. Los Warriors, en cambio, lidiaron con la incertidumbre y los rumores constantes durante la pasada temporada, que acabó con la salida de Kevin Durant rumbo a los Nets. El alero no ha podido debutar por su lesión en el tendón de Aquiles durante unas Finales en las que, además, cayó un Klay que también sigue en blanco. Sin ello, y casi toda la temporada sin Curry por una fractura en una mano, el equipo estaba en un paupérrimo 15-50 en su primera temporada tras la mudanza que les ha llevado de vuelta a San Francisco.

Antes de ese curso 2018-19 que acabó con la derrota ante los Raptors, los Warriors ganaron dos títulos consecutivos desde la llegada de Kevin Durant. Pero si en el primero todo fue felicidad, el general manager Bob Myers reconoce que para el segundo las cosas ya fueron muy distintas. Ya en su día Draymond Green reconoció que KD cambió de actitud cuando vio que se seguía considerando a LeBron James el mejor jugador de la liga pese a su exhibición en las Finales. Pero Myers asume, además, que les pasó factura la monotonía de seguir ganando: "En la segunda temporada con Kevin fue como si nos limitáramos a hacer lo que se supone que teníamos que hacer. Pero ya no había nada de diversión. Supongo que hay quien no lo verá así y no fue culpa de nadie en concreto, imagino que todo tiene un peso, un efecto. Supongo que es el mismo peso que sintieron los Bulls. Una carga en las relaciones personales".

Kerr, que jugó en los Bulls entre 1993 y 1998, siempre ha visto las conexiones obvias entre ambos súper equipos: "El documental muestra cosas que yo les decía a mis jugadores en las temporadas 2017-18 y 2018-19. Todos mis mesajes se basaban en mis experiencias de esas dos temporadas, en la carga de fatiga emocional que estábamos arrastrando. Ahora el documental es otro recordatorio de lo duro que es mantener ese nivel de éxito". Myers insiste en la misma idea: "Ganar como equipos, todos juntos, de forma sostenida es muy difícil. Mantener las relaciones durante esos tramos también es muy duro... hay muchas más formas de que todo se vaya al traste que de que salga bien. Me sorprende que cuando hay un equipo así, la gente piense que va a durar para siempre. No creo que haya habido ni un equipo en toda la historia que haya tenido mucho éxito y no se haya enfrentado a conflictos. Es parte del juego".

Ver a Kerr bebiendo cerveza ayudó a que Kevin Durant se fuera a Golden State Warriors

29 abril, 2020 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, Golden State Warriors, Kevin Durant, NBA, Steve Kerr · Comentarios desactivados en Ver a Kerr bebiendo cerveza ayudó a que Kevin Durant se fuera a Golden State Warriors 

Los Warriors han ganado tres títulos en cuatro años y han estado en las últimas cinco Finales NBA, lo que entra dentro de la definición de dinastía. La misma tiene varias partes: reinvención del juego antes de que llegara Kerr, perfección con un entrenador novato que les lleva a ganar, una sonada derrota en la mejor temporada de la historia, un fichaje estelar siendo ya los mejores, un doblete y unas lesiones que se llevaron por delante algo más que un campeonato. Por ello, no sólo por el mero palmarés sino por cómo se ha cimentado, se escriben libros como el de Ethan Strauss: The Victory Machine. Las hazañas así se narran con artículos de lujo como es la mencionada publicación, el repaso de uno de los periodistas más pegados al equipo a un equipo legendario. Y con curiosidades como la siguiente... 

Un convencimiento etílico

Uno de los episodios sitúa al lector en 2015. Concretamente, en el All-Star. Los Warriors ya aspiraban a todo pese a que los Spurs seguía siendo una fuerza reductora de todo lo nuevo en la Conferencia Oeste. Stephen Curry ya despuntaba, ganaría meses después el primero de sus dos MVPs hasta la fecha, y a Steve Kerr le tocaba ser entrenador en esta cita de mitad de temporada. Uno de los máximos rivales de los Warriors, los Thunder, tenía allí a un representante en Kevin Durant. Sí, el que un año más tarde les tuvo contra las cuerdas y fichó por ellos en un 4 de julio inolvidable. Durant se sintió fascinado allí, quién sabe si por primera vez, por el estilo que estaban aplicando los miembros de la franquicia californiana en su día a día.

"Mucha gente dentro de los Warriors cree que aquel momento de fascinación hizo mucho para que Durant se acabara uniendo al equipo. Kerr estaba en su momento álgido, bromeando mucho, pese a que estaba a pocos meses de pasar por una cirugía de espalda que salió mal. Hacía coñas con los procedimientos médicos. Hubo un momento en el que Durant pilló a los entrenadores de los Warriors bebiendo unas cervezas dentro del vestuario. '¿Así que esto de lo que va todo?', preguntó Durant, y los técnicos no le dijeron que no", narra Strauss y prosigue el propio Kerr: "Sé que la forma en la que hacíamos las cosas era muy particular. Muy diferente a Oklahoma City o San Antonio, con más soltura. Dábamos mucha libertad a los jugadores. Y creo que aquello atrajo a Kevin. Mucha gente nos vio jugar después de ese primer año, vio cómo dominábamos la Liga y les gustó nuestro estilo. Veían el talento que teníamos, cómo jugaban nuestros chicos y querían ser parte de ello. Es lo que le pasó a Kevin".

La historia ya sabemos cómo acaba, con final triste: Durant, lesionado en el tendón de Aquiles durante las Finales ante los Raptors por forzar estando ya mal físicamente, abandona el equipo con algunas peleas con compañeros en la mochila para irse a los Nets junto a Kyrie Irving. Su llegada a Golden State fue mala y su salida también, pero no sólo la esperanza de ganar el Anillo le hizo jugar allí: también unas cervezas

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«Puedo meterle 60 puntos a cualquier equipo de la NBA»

13 abril, 2020 · Archivado en Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, Golden State Warriors, JaVale McGee, NBA, Stephen Curry · Comentarios desactivados en «Puedo meterle 60 puntos a cualquier equipo de la NBA» 

Stephen Curry había vuelto a las canchas el pasado mes de marzo, concretamente seis días antes (el 6) de que la NBA se suspendiera (el 11) sin fecha de regreso. El '30' lo había hecho con buenos números y con aparentes signos de estar completamente recuperado de la lesión que a principios de campaña, en la noche del 30 de octubre, le dejó fuera de acción al fracturarse el segundo metacarpiano de la mano izquierda. Había regresado con fuerza, con 23 puntos, 7 rebotes y 7 asistencias ante los Raptors en la que era la revancha del partido por el título que los canadienses y los Warriors habían disputado en junio de 2019, pero el parón ha frenado su ilusión en el que se preveía un final de temporada positivo para él. 

Pese a que parecía haber vuelto a la forma que le hizo ganar dos MVPs (2015 y 2016), el confinamiento enfría la muñeca. Curry, sin embargo, se muestra confiado en su calidad y así lo ha demostrado en una conversación con su amigo y ex-compañero, ahora en los Lakers, JaVale McGee a través de la cuenta de la NBA en Instagram.

McGee le preguntó lo siguiente: "¿A qué equipo o jugador de ese equipo que te defiende apuntas y dices: 'Esta noche meto 60 puntos'?". Curry contestó: "Oh! A todos". Ambos bromeaban después con la respuesta dada ("La cuarentena me ha cambiado", decía el de los Warriors). El hecho es que, por muy buenas actuaciones que haya tenido el base de Golden State en estos once años de carrera, el tope actual de Steph Curry en un partido es de 54 puntos (en 2013 frente a los Knicks).

La maldición del Chase Center: derrotas, lesiones y coronavirus

17 marzo, 2020 · Archivado en Baloncesto, Biología, Ciencia, Ciencias naturales, Competiciones, Coronavirus, Deportes, Enfermedades, Enfermedades infecciosas, Equipos, Golden State Warriors, Klay Thompson, Medicina, Microbiología, NBA, Salud, Stephen Curry, Steve Kerr, Virología · Comentarios desactivados en La maldición del Chase Center: derrotas, lesiones y coronavirus 

Se acabó una temporada para los Warriors que nunca empezó. El final, anticipado por el coronavirus, se puede alargar con unos cuantos partidos más dependiendo de las decisiones que tome la NBA respecto a una reanudación que ahora mismo es una incógnita, pero las conclusiones serán las mismas. Un año marcado por las desgracias en forma de lesiones, las derrotas sin respuesta, un traspaso no del todo explicable y un fortín, el Chase Center, que tendrá que esperar para ver tiempos mejores y que apenas ha visto como su equipo, la última gran dinastía de la Liga norteamericana, ganaba 8 partidos de los 34 disputado.

El Chase Center, situado enfrente del estadio de los Giants de la MLB (At&t Center), que se abre imponente a las aguas de la Bahía, fue un proyecto urbanístico concebido por Joe Lacob y Rick Welts antes de 2016, cuando se le puso nombre y apellidos. Era un nuevo comienzo y un intento de equipararse a los Knicks y Lakers en cuanto a grandeza ("el Madison Square Garden va a pasar a ser el Chase Center de la Costa Este”, dijo Welts), pero también un regreso a los orígenes. Los Warriors son una franquicia veterana, nacida en 1962 en San Francisco, una ciudad a la que retornan 48 años después de poner rumbo a Oakland para jugar en el Oracle, ese que tantos éxitos ha dado en los últimos tiempos y en el que la población de más edad iba a vociferar mientras recordaba como el sector que representó la activa conexión de trasportes marítimo y ferroviario de San Francisco había emigrado a esa nueva y depauderada zona para sentirse parte de una cultura que se acabó convirtiendo enbuna dinastía.

El proyecto tuvo sus detractores, que anunciaban que el proceso de construcción podía llevarse vidas por delante mientras definían la monumental construcción como una Disneyland capitalista merced a los más de 1.000 millones que ha costado levantarlo y que chocaban con la idiosincrasia de una ciudad y de una zona en particular que ha pasado del esplendor de la industria portuaria a un nudo de laboratorios farmacéuticos y de investigación coronados con el Hospital Universitario, cuyos proyectos se pusieron en pelgro con la llegada de el consumismo del siglo XXI. Eso es ahora Mission Bay, una zona marcada por marihuana, barro, cristales rotos y edificios decrépitos en los 80 pero que ahora alberga uno de los pabellones deportivos más impresionantes de la acutalidad. Sí, los Warriors regresaban a San Francisco, pero en nada se parecían a esos que lo abandonaron casi medio siglo atrás. Y precisamente dejaban atrás lo que con ellos se había trasladado para llegar a una zona de más glamour, dinero y destellos. Eso que son Knicks y Lakers, y que tantos han intentado imitar en las dos últimas décadas. De hecho, fueron los angelinos los que iniciaron esa linde de pabellones que son mucho más que pabellones cuando dejaron atrás el viejo Forum y llegaron al Staples Center, una estadio que es casi un monumento y que alberga tan pronto un concierto como un partido de baloncesto.

Parte de culpa en una temporada aciaga

El problema no es dejar atrás la cultura y a parte de tu gente en la NBA, un mundo donde los negocios priman por encima del resto y en el que no iba a ser menos un equipo cuya columna vertebral se ha construido con rondas del draft (Curry fue número 7 en 2009, Thompson, 11 en 2011 y Draymond un robo, puesto 35 de la segunda ronda en 2012), pero que se convirtió definitivamente en una dinastía tras la criticada adquisición de Durant. Criticada porque a los fanáticos nunca les ha parecido bien eso que llaman súper equipos, pero que olvidaron que la llegada del alero entraba dentro de los límites de la Liga y que al final, para ganar tienes que tener a los mejores. Durant estaba en el mercado y los Warriors fueron capaces de hacerse con él. Los demás no.

Pocos reproches puede haber de ese movimiento, vilipendiado en un inicio pero que terminó constatando lo que era un hecho, que el equipo entrenado por Steve Kerr era uno de los mejores de todos los tiempos. Eso sí, las repetidas reivindicaciones del big three (Curry-Thompson-Green) quedan solapadas tras un mar de dudas que nos hemos quedado sin resolver este año, en el que no han coincidido en un solo partido. La lesión de Thompson en las Finales del pasado año le dejaban fuera hasta marzo y solo falta por saber si volverá en caso de que todo se reanude. Curry por su parte caía en el cuarto partido de la temporada y solo ha jugado uno más, el 3 de marzo ante los Raptors en el Chase Center, donde todavía no conoce la victoria (0-3).

Es imposible sacar más de un equipo que, siempre modélico, no se supo mover el verano pasado igual que los anteriores. La salida de Durant no fue tan lamentada como se preveía gracias a esa lesión del tendón de Aquiles y las pocas ganas que había en Golden State de pagar el máximo a un jugador que superaba la treintena y que iba a pasarse un año en el dique seco. Pero la llegada de Russell, que se unía a Curry, Thompson y Green en un big four a priori de escándalo, provocó la salida de un Iguodala que quería regresar cuando terminara esta temporada pero que ha firmado un suculento contrato que le deja, al menosun año más, atado a los Heat. El base no ha sido para nada el problema de un equipo en el que se encontró demasiado solo demasiado pronto, pero su intercambio conn Andrew Wiggins no ha convencido a nadie ni ha paliado que no se tomaron las decisiones correctas para reforzar la segunda unidad. En parte por el escaso margen salarial que tenían, pero también por la retirada de Livingston, las ya mencionadas salidas de Iguodala y Durant, la de Cousins y Cook rumbo a los Lakers o la de piezas de la intendencia que eran Damian Jones y Jordan Bell. Muchas bajas y de mucho nombre para unas altas cuya reputación era inversamente proporcional: Marquese Chriss, Omari Spellman, Glenn Robinson III, Alec Burks... ninguna de esas llegadas a carburado más allá de la del rookie Eric Paschall (la única buena noticia) y algunos de ellos fueron traspasados en la agencia libre que finalizó en febrero.

Sí, los Warriors han tenido mala suerte, lesiones a la cabeza. Pero también han tomado decisiones erróneas que les han conducido a un callejón sin salida y a un plan b que no han tenido en toda la temporada. Sin ir más lejos, los Lakers el año pasado tuvieron las lesiones de LeBron, Lonzo, Ingram o Rondo en los momentos más importantes de la temporada, pero acabaron con 37 victorias. Este año los Warriors, cuyas lesiones han sido más tempranasa y diraderas (todo hay que decirlo), llevan 15. Pronto se hizo patente que se conformaban con eso y que ya pensaban en el curso baloncestístico 2020-21, con un posible número 1 en manos de Anthony Edwards (a saber cuándo es el draft), con el que podrían negociar un traspaso o quedárselo en sus filas. Lo mismo que con un Andrew Wiggins que ni pincha ni corta y que no tiene mucho sentido ni pegamento en una franquicia que también puede buscarle una salida. No tanto por una estrella, sino por una segunda unidad que complemente al trío dinámico y que pueda pensar a corto plazo en un nuevo campeonato.

El futuro no es lo que era

Ese es el objetivo a corto plazo, volver a luchar por un anillo que han conquistado en tres de las últimas seis temporadas y seguir sumando. Eso sí, las expectativas no son las mismas que antes, y si hace unos años nadie les discutía el favoritismo, ahora tendrán que ganárselo. Al fin y al cabo, Klay Thompson regresará con 30 años y sin jugar un solo partido desde el 13 de junio, Curry camino de los 33 y habiendo disputado cinco desde entonces y Green (30) cuajando una temporada catastrófica en la que sus estadísticas se han resentido (8+6+6), sus porcentajes en tios de campo (39%) y en triples (28) se han superado en lo negativo y ni ha sido un líder ni ha pretendido serlo. Y todo en la peor temporada para Steve Kerr, que sumará la primera gran mancha en su impoluto currículum con el primer récord negativo de su carrera y la primera campaña sin playoffs. Todos los grandes entrenadores han renido sus sombras; Popovich en su debut/tanking antes de seleccionar a Duncan, Riley en el último año de su carrera (15-67)... todos menos Phil Jackson, que entrenó al propio Kerr en los Bulls y que además de sus 11 anillos solo ha sumado balances positivos y clasificaciones para playoffs. Hay figuras y figuras y luego está la del Maestro Zen.

Los Warriors tienen el pero rating defensivo de su historia (113,8), son el tercer peor ataque (106,3 puntos por partido) y la sexta peor defensa (115), han saltado a la pista con quintetos hace poco inimaginables y la anarquía ha reinado en un sistema de juego ausente y que no se ha identificado con nada y con nadie. Jugarn su último partido contra los Clippers, contra los que cayeron por 107-131 en casa, una tónica general que resume muy bien su año y que supuso el partido consecutivo con sell out (entradas agotadas) número 337 de la franquicia. Eso, desde luego, no ha cambiado para un equipo que ha cambiado parcialmente de cultura pero que sigue teniendo su estadio, aunque sea nuevo, lleno. Algo que se repite desde 2012. Eso sí, ahora el Oracle ha sido sustituido por el lujo y por desgracia, sin en algo se parecen estos Warriors a los Knicks es en el récord. Con 15-50, son el peor de la NBA, mientras que los neoyorquinos siguen en su habitual mar de sinsentidos y se van a un 21-45 que poco tiene que ver con su historia y su glamuroso estadio.

El coronavirus y la maldición del Chase Center

Una cosa parece segura, y es que el Chase Center está maldito. Es la sensación que da, como si en una película de miedo nos encontráramos. Las desgracias no han cesado y el traslado ha concluido con el estallido de la crisis del coronavirus, otra desgracia que no es culpa de nadie pero que deja en el dique seco a numerosos trabajadores que habían encontrado hueco en el mercado laboral gracias al traslado. Alrededor de una franquicia y sus partidos orbitan muchos pequeños contratos, conceciones, ingresos indirectos... esta es una de las grandes preocupaciones ahora. Los directivos de los Warriors, por ejemplo, ya hablaban de una situación muy delicada y Curry y compañía se han comprometido a hacer donaciones a los trabajadores que les ayudarán mientras se mantenga la crisis.

Y esto se une a las pérdidas que van a tener como entidad. Cada partido da unos ingresos medios de 2 millones de dólares a cada franquicia, que aumentan hasta lo 3,5 en el caso de los Warriors, los que más generan con cada partido. Sin embargo, esto es un arma de doble filo, ya que siendo el que más genera también eres el que más pierde en situaciones como esta y las cuentas que hiciste a principio de temporada no van a salir ahora.

De una forma u otra, el estreno del Chase Center no ha sido como se esperaba en un inicio. No solo por la parte deportiva, también por la idiosincrasia y la cultura creada, la entidad adquirida y todo lo que ello supone. No es que todo se haya perdido, siempre quedan ramalazos, pero los Warriors tendrán que hacer un esfuerzo doble para que la gente vuelva a considerarles favoritos. Una cosa que nos ha enseñado la NBA en general y Rudy Tomanovich en particular es que no hay que subestimar el corazón de un campeón. Tampoco el del nuevo estadio erigido en San Francisco, que a pesar de no haber tenido un inicio suñado seguirá contando con Stpehen Curry, Draymond Green y Klay Thompson en sus filas. Y este último ya lo avisó hace no mucho tiempo: "La dinastía de los Warriors no ha acabado". Ahí queda eso.

Lío en los Grizzlies: quieren que Iguodala se vaya, Curry les vacila…

4 febrero, 2020 · Archivado en Andre Iguodala, Baloncesto, Competiciones, Deportes, Equipos, Golden State Warriors, Memphis Grizzlies, Mercado fichajes, Mercado NBA, NBA · Comentarios desactivados en Lío en los Grizzlies: quieren que Iguodala se vaya, Curry les vacila… 

Los Grizzlies son la revelación de esta temporada en la NBA. Son un bloque joven que madura rápido. Sin embargo, desde principios de temporada tiene un problema del que no se pueden deshacer. Se llama Andre Iguodala. El alero no ha disputado ningún partido con esta franquicia desde que llegó, rebotado de los Warriors (de donde salió únicamente por motivos de ajuste salarial), y ha dejado claro que no jugará. David Aldridge, periodista de The Athletic, ha hablado sobre esta situación y explica que Iguodala permanecerá fuera de la dinámica si el equipo tampoco pudiera encontrarle un nuevo destino ahora mismo. Los directivos le pueden pedir que se reincorpore, pero él no lo hará según esta información. 

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Esta última actualización no ha gustado nada en Memphis. La franquicia sigue intentando buscar una alternativa para que salga traspasado porque no lo quieren dejar marchar sin recibir nada a cambio, es la pugna que tienen desde el pasado mes de julio. Dillon Brooks, uno de los mejores del cuadro de Taylor Jenkins esta temporada, habló tras el último partido sobre todo esto, con Ja Morant aprobando su discurso: "No puedo esperar al momento en el que encontremos la manera de traspasarle, que juguemos contra él y le demostremos de qué va este equipo"

El asunto tiene más mordiente. Además del interés de muchos equipos en él (Mavericks, Rockets, Lakers, Clippers), los Warriors se interesan en demostrar públicamente que todavía le quieren. Una de las opciones que el jugador baraja es pasar la temporada en blanco y firmar con los de San Francisco en verano. Stephen Curry le ha tirado la caña en Instagram poniendo una publicación de Iguodala con el trofeo de campeón. Muy difícil solución para un problema muy enquistado.

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