Paul Naschy: el hombre lobo perteneció al Real Madrid

8 abril, 2020 · Archivado en Cine, Cine español, Cine terror, Deportes, Equipos, Futbol, Halterofilia, Paul Naschy, Películas, Real Madrid · Comentarios desactivados en Paul Naschy: el hombre lobo perteneció al Real Madrid 

Cuenta la leyenda, que el lobo sacia su voraz apetito durante la noche y que cuando llega el alba, regresa a su madriguera en busca de cobijo. Lo curioso es que siempre lo hace a la misma hora, a las seis de la mañana. Es la hora del lobo, el momento en el que más nacimientos y muertes se producen en el mundo, el mismo instante donde las pesadillas parecen más intensas en los que duermen y más grandes son los temores para los que no pueden conciliar el sueño.

Jacinto Molina Álvarez, conocido artísticamente como Paul Naschy, solía contar en sus entrevistas que él había nacido en la hora del lobo, un curioso momento para venir al mundo. Fue un 6 de septiembre de 1934, en la madrileña Calle Postas, lugar castizo, de gran actividad comercial, donde convivían diferentes gremios herederos de otro tiempo.

Jacinto era hijo de Pilar Álvarez y de Enrique Molina, un peletero de origen vasco que tenía un próspero negocio junto a la Plaza Mayor. El artesano había conseguido reputación en la zona cortando patrones. Eran tiempos de bonanza para su familia, sin embargo la riqueza desapareció con la llegada de la Guerra Civil. El matrimonio Molina tuvo que cerrar el local y huyó lejos de la capital con su pequeño hijo en brazos.

Se trasladaron a una pequeña aldea del País Vasco donde residían algunos familiares de Pilar y, pocos días después, recibieron una llamada telefónica desde Madrid alertándoles del grave peligro que corrían. A pesar de que Enrique no tenía ningún interés por la política, el bando nacional le buscaba desde su repentino traslado al norte. Querían fusilarle, ya que, un pariente cercano le había traicionado acusándole falsamente.

El padre de familia cogió su moto y prometió a Pilar regresar en cuanto pudiera. Al salir del pueblo, un grupo de soldados se percató de que escapaba y le dispararon mientras cruzaba un puente a toda velocidad. Perdió el control de su moto saliéndose del camino y se precipitó a las aguas del caudaloso río. Nadie supo más de él, pues ninguno de los presentes vio emerger su cuerpo y la noticia de su desaparición corrió como la pólvora por el pueblo. A partir de entonces Pilar tuvo que cuidar de su hijo ella sola y la miseria envolvió las vidas de ambos en aquel periodo negro. Imágenes imborrables para un niño que, con el paso de los años, comprendió el gran horror vivido.

Cuando el combate llegaba a su fin, las tropas franquistas asediaron el pueblo donde se refugiaban y un soldado irrumpió violentamente en su hogar. El ruido de los bombardeos, que era casi insoportable, se unió al estruendo de la puerta al ser reventada. Tras unos segundos de incertidumbre, Jacinto vio cómo su madre se abalanzó al militar para rodearle con sus brazos y entonces comprendió que aquel hombre que había echado la puerta abajo no era otro que su padre, al que todos creían ahogado. Enrolarse en el bando franquista le había salvado la vida.

Al finalizar la Guerra, un general con el que Enrique trabó amistad, le propuso fundar una empresa peletera en Burgos. Como para el resto de españoles, aquella época no fue fácil para la familia. “Fui un niño de la posguerra. Ni siquiera nosotros, que éramos de clase media acomodada, teníamos gran cosa. Recuerdo las penalidades que pasamos, la cartilla de racionamiento, el pan de borona y el aceite de hígado de bacalao. Que años después llegara a convertirme en campeón de halterofilia fue casi un milagro”, señalaba Naschy.

El negocio funcionó bien en Burgos y la economía familiar recuperó el brillo del pasado. Al nacer Lourdes, la hermana de Jacinto, el matrimonio contrató a una institutriz para que cuidara de sus hijos. María Ronge, que era una tutora de origen austriaco, fue crucial en la infancia de Jacinto, pues despertó en él un notable gusto por la literatura. En la librería del paseo del Espolón de Burgos, el niño quedó fascinado por los cuentos ilustrados de Saturnino Calleja y los hermanos Grimm. Desde entonces, su interés por el gótico, la literatura fantástica y los cuentos populares, fueron una constante en su vida.

Cuando la familia regresó a Madrid, la vida de Jacinto cambió para siempre. Paseando por la Gran Vía, quedó impresionado por el cartel que anunciaba una película de terror de reciente estreno y le pidió a su madre entrar a verla. Pilar, mujer a la que los problemas habían endurecido el carácter, se negó por no parecerle apropiada para su hijo. Tras la negativa, Jacinto aprovechó el reestreno de la película para poder verla. Fue en el Cine Iris de la calle Guzmán El Bueno, Una sala de verano dedicada a las sesiones dobles cercano al domicilio donde vivían arrendados los Molina.

El pequeño Jacinto intentó colarse en la sala, pero el acomodador le detuvo por tratarse de una película no apta para menores. Algo de pena debió de darle el muchacho pues al insistir un buen rato le dejó pasar. Se apagaron las luces y comenzó la proyección de ‘Frankenstein y el Hombre Lobo’, un film producido en pleno declive artístico de los estudios Universal que, por aquel entonces, explotaban la popularidad de sus monstruos en secuelas de bajo presupuesto.

Jacinto quedó alucinado con el personaje al que daba vida Lon Chaney Jr. “Fue una obsesión para mí. Desde que vi aquella película, me quedé fascinado con la figura del licántropo. Ya desde mis primeros escarceos en el cine me rondaba la mente hacer algo con este personaje”.

La estricta educación recibida en el Colegio Alemán de Madrid y en los Escolapios, había hecho de Jacinto una persona disciplinada y volcada en la actividad deportiva. En la década de los cincuenta, el deporte ocupaba todo su tiempo libre. Empezó practicando gimnasia y boxeo. “Por aquel entonces creía que era buen púgil porque había derrotado en un entrenamiento a un peso medio. Luego me enteré que el hombre estaba sonado y no tenía reflejos, ni nada”, llegó a confesar en una entrevista. Sus primeros combates los ganó con facilidad, llegando a la final del Campeonato de Castilla en la categoría de peso pluma, pero su carrera boxística terminó cuando un legionario le provocó una fisura en las costillas.

Fue la halterofilia la disciplina en la que destacó. Años de preparación con más empeño que técnica le llevaron a la cima. “En mi época la técnica no contaba porque no la conocíamos muy bien. En gran parte fue la causa de mis lesiones. Me fié de mis fuerzas casi exclusivamente”.

A pesar de ser un reconocido seguidor rojiblanco, Jacinto acabó en la sección de Pesas y Alteras del Real Madrid, una de las más destacadas de la época, y allí consiguió sus mayores logros. Fue hasta siete veces campeón absoluto de España y también entró en la historia de la halterofilia de nuestro país al ser el primer peso ligero (67 kg) en levantar 295,5 kg. Toda una proeza conseguida el 7 de junio de 1959 en los torneos sociales del Real Madrid. Conoció personalmente a Gento y Di Stéfano, y en el club blanco se codeó con los mejores levantadores españoles de la época, que estaban dirigidos por el gran Manuel Conesa, pero una lesión provocada por aplastamiento de dos vértebras le impidió presentarse a los Juegos Olímpicos de Roma. En 1961 tomó parte de los Campeonatos del Mundo de Viena, donde quedó sexto en el ranking europeo. Batió 28 récords de España y fue habitualmente convocado con la Selección. Después, otra grave lesión, esta vez en la rodilla, lo retiró de la competición.

Cuando quiso volver al circuito, la Federación no le aceptó por considerarle demasiado mayor y le descartaron para participar en los Juegos de Tokio. “El deporte me dio algo inestimable: la capacidad de aguante, la fe en lo que hago. Me hizo seguir adelante y perseverar. Aunque aquellas lesiones estuvieron a punto de dejarme lisiado de por vida”.

A pesar de todo, esa corpulenta figura le sirvió para entrar en el mundo del cine, consiguiendo papeles como extra en dos superproducciones del director Nicholas Ray, ‘Rey de Reyes’ (1961) y ‘55 días en Pekín’ (1963), ambas rodadas en territorio español.

En contra de la voluntad de Pilar, su madre, Jacinto dejó la carrera de Arquitectura para entrar como meritorio en el cine y gracias a su padre conoció al director Pedro Lazaga, para el que empezó a trabajar como auxiliar de dirección. Fue entonces cuando escribió el guión de la película que inició la década de oro del cine de terror en España, ‘La marca del Hombre Lobo’. Muchos fueron los productores que rechazaron su libreto: “¿Por qué no te dedicas a hacer comedias?”, escuchó en cierta ocasión. Nadie en el negocio parecía interesado en una película de vampiros y hombres lobo. “Cuando menos lo esperaba, recibí una llamada del director Enrique López Eguiluz. Me dijo que dos productoras, una española y otra alemana, habían leído mi guión y estaban dispuestas a embarcarse en el proyecto del Hombre Lobo”.

Antes de poder comenzar el rodaje hubo que sortear varios problemas. En el guión original, un asturiano llamado José Huidobro era víctima de la maldición tras ser mordido por un lobo humano. La historia se desarrollaba en España, pero la censura no quería que el monstruo de la historia fuera español, y Molina tuvo que cambiar la nacionalidad del personaje. Debía quedar muy claro que todo lo que ocurría en la película se desarrollaba en territorios lejanos. Así nació el mítico personaje creado por Molina, Waldemar Daninsky, un hombre atormentado y maldito que toma su nombre del levantador de peso polaco Waldemar Baszanowski.

Los productores alemanes no encontraban protagonista para la película y la idea de llamar al veterano actor Lon Chaney resultó descartada, pues el alcoholismo había hecho mella en la salud del norteamericano. Encontrar actores que pudieran asumir un papel tan exigente no fue fácil. Uno de los alemanes señaló a Jacinto como posible protagonista ante la sorpresa del madrileño, que en aquel momento no se consideraba preparado para la interpretación y volcaba su interés en la escritura de guiones. Aunque al principio fue reticente, el joven realizó finalmente las pruebas y a falta de un mecánico dentista para las prótesis dentales utilizaron eventualmente unos trozos de patata a modo de afilados colmillos. Su casting les impresionó y comenzaron a rodar enseguida. La gran fortaleza de Molina aportó al personaje una agresividad nunca vista en otras películas.

Anécdotas hubo muchas durante el rodaje. Una de ellas quedó registrada en una violenta secuencia del film. “Recuerdo la escena en la que el Hombre Lobo, rabioso y ansioso de sangre fresca, penetraba en la casa de un guardabosques haciendo astillas la puerta. Los de efectos especiales, con un encomiable sentido del ahorro, en lugar de construir una jamba de madera de balsa, se limitaron a hacer unos cortes en un auténtico portón, recio y compacto. A la palabra ¡acción!, me lancé como un meteoro sobre la puerta y a poco me desvencijo yo también”. El actor destrozó la puerta sintiendo en su cuerpo el terrible impacto de la madera.

Uno de los puntos fuertes de la película fue el espectacular maquillaje elaborado por José Luis Ruiz que necesitaba un total de 5 horas para cubrir el rostro de Jacinto, ya que pegaba pelo a pelo cada zona. “Una madrugada estaba esperando caracterizado en el portal de la productora a que viniera el coche que me trasladaba a plató. Escuché unos pasos que se aproximaban y pensé que los de producción habían llegado. Caracterizado de Hombre Lobo, salí a la calle y me topé con un obrero que marchaba al trabajo con su tartera. Sus ojos se desorbitaron, pegó un grito que resonó con mil ecos en la calle, tiró la bolsa al suelo y salió arreando con tal energía que los talones le golpearon el trasero”. Muestra inequívoca del gran realismo del maquillaje.

Cuando acabó la filmación, el actor tuvo que cambiar su nombre ante el inminente estreno de la película en el extranjero. Eligió el exótico seudónimo de Paul Naschy, cuyo apellido le recordaba a un campeón del Mundo de halterofilia llamado Imre Nagy. ‘La marca del Hombre Lobo’ fue todo un éxito en España recaudando 158.859,35 euros y siendo vista por más de 800.000 espectadores. Con lo que originó toda una saga, donde destacan títulos como la exitosa ‘La noche de Walpurgis’ (1970), aún más taquillera que su antecesora con más de 1.000.000 de espectadores, ‘La bestia y la espada mágica’ (1983) o ‘El retorno del Hombre Lobo’ (1980). Las dos últimas fueron dirigidas con clase por el propio Jacinto Molina.

Naschy se inventó el cine de terror en España. Fue un creador incomprendido y despreciado frecuentemente por la critica española, pero la constancia de la que hizo gala durante toda su carrera obtuvo compensación el día en el que recibió la medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Antes el actor había sido elogiado por Quentin Tarantino en el Festival de Sitges 96 y numerosos festivales internacionales lo habían premiado en el crepúsculo de su carrera. El 30 de noviembre de 2009, un cáncer de próstata mal diagnosticado apagó su vida a los 75 años. Desde ese día, cada luna llena, la leyenda del Hombre Lobo revive en el corazón de sus numerosos fans en todo el mundo.

Tifo en Anoeta y saque de honor de Jesús Vidal, ganador del Goya

3 marzo, 2019 · Archivado en Academia Cine España, Atlético Madrid, Cine, Cine español, Competiciones, Cultura, Deportes, Equipos, Futbol, Instituciones culturales, La Liga, Liga Santander, Ligas fútbol, Organizaciones deportivas, Premios cine, Premios Goya, Primera División, Real Sociedad · Comentarios desactivados en Tifo en Anoeta y saque de honor de Jesús Vidal, ganador del Goya 

El saque de honor del encuentro entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid lo hizo Jesús Vidal Navarro, ganador del Goya al mejor actor revelación por su papel en la película Campeones y seguidor del conjunto realista.

El actor, que entró al campo acompañado por Illarramendi, fue ovacionado por los seguidores de la Real Sociedad presentes en Anoeta, cuyo estadio recibió a los dos equipos con un espectacular tifo con pancartas azules y blancas, los colores de la Real Sociedad. Mientras tanto sonaba el himno del conjunto vasco, un comienzo precioso para un gran partido. La ovación a Jesús Vidal Navarro duró varios minutos.