Carlos Arévalo, a la orden en el Ejército contra el coronavirus

Saúl Craviotto, el líder del K4 500 que debía aspirar a una medalla este verano en Tokio, cambió la piragua por la patrulla de la Policía Nacional cuando se anunció el aplazamiento de los Juegos a 2021. Y su compañero Carlos Arévalo, que palea tras él en la embarcación que conquistó la plata en el pasado Mundial, volvió a enfundarse el uniforme de campaña del Regimiento Príncipe de Infantería, al que pertenece en Cabo Noval (Asturias). "Estamos preparados para defender al país de cualquier problema y, por desgracia, en las situaciones peores. Aunque el coronavirus no sea un enemigo físico, también hay que luchar contra él", cuenta el gallego de Betanzos (26 años).

Arévalo debía estar estos días imbuido en los selectivos para definir la composición definitiva del K4 y ha pasado a tener su cabeza en la logística de organizar el despliegue de sus compañeros por la zona, para desinfectar lugares públicos y controlar el cumplimiento del confinamiento. También para salir cuando toque. "Aquí somos una gran familia, y ahí está el ejemplo de la UME (Unidad Militar de Emergencias), que lo está haciendo genial", alaba.

Cuando deja el cuartel, Arévalo tiene listo en casa un ergómetro (simulador de remo) y una bici estática. "Vivo solo y afortunadamente me pude dar prisa para meter el material. Ahora es fundamental no perder la parte aeróbica, porque la fuerza y la velocidad se recuperan pronto... Y no ganar peso”, explica sobre su rutina el coloso de 1,90 metros y 90 kilos. "En Gijón, Craviotto, Rodrigo Germade y yo vivimos a 500 metros, pero no nos vemos. Marcus Cooper se fue a Mallorca con la familia. Eso sí, todos los días estamos en contacto por Watsapp y Miguel García (su entrenador) nos marca las rutinas", relata.

Arévalo fue bronce mundial Sub-23 en 2016 y aspiraba a hacer su debut olímpico en Río 2016. Pero Craviotto ganó la plaza junto a Cristian Toro en el K2 200 que a la postre sería campeón. Ese "palo enorme" le empujó a pensar en el futuro y, siguiendo el consejo de Saúl, ingresó en el Ejército. "La disciplina ayuda en las dos facetas".

En principio, no formaba parte del K4, pero Cristian Toro causó baja mes y medio antes del Mundial de Szeged y Arévalo ocupó su plaza. Trabajó el doble para acoplarse y las nubes negras dieron paso a un billete para Tokio. Aún así, como todos, tendrá que refrendar su puesto en unos intrincados trials internos. "Deberían simplificarse, se queja. Pero acatará lo que haya. Siempre a la orden. Para lo que sea.

Carlos Arévalo, a la orden en el Ejército contra el coronavirus

Saúl Craviotto, el líder del K4 500 que debía aspirar a una medalla este verano en Tokio, cambió la piragua por la patrulla de la Policía Nacional cuando se anunció el aplazamiento de los Juegos a 2021. Y su compañero Carlos Arévalo, que palea tras él en la embarcación que conquistó la plata en el pasado Mundial, volvió a enfundarse el uniforme de campaña del Regimiento Príncipe de Infantería, al que pertenece en Cabo Noval (Asturias). "Estamos preparados para defender al país de cualquier problema y, por desgracia, en las situaciones peores. Aunque el coronavirus no sea un enemigo físico, también hay que luchar contra él", cuenta el gallego de Betanzos (26 años).

Arévalo debía estar estos días imbuido en los selectivos para definir la composición definitiva del K4 y ha pasado a tener su cabeza en la logística de organizar el despliegue de sus compañeros por la zona, para desinfectar lugares públicos y controlar el cumplimiento del confinamiento. También para salir cuando toque. "Aquí somos una gran familia, y ahí está el ejemplo de la UME (Unidad Militar de Emergencias), que lo está haciendo genial", alaba.

Cuando deja el cuartel, Arévalo tiene listo en casa un ergómetro (simulador de remo) y una bici estática. "Vivo solo y afortunadamente me pude dar prisa para meter el material. Ahora es fundamental no perder la parte aeróbica, porque la fuerza y la velocidad se recuperan pronto... Y no ganar peso”, explica sobre su rutina el coloso de 1,90 metros y 90 kilos. "En Gijón, Craviotto, Rodrigo Germade y yo vivimos a 500 metros, pero no nos vemos. Marcus Cooper se fue a Mallorca con la familia. Eso sí, todos los días estamos en contacto por Watsapp y Miguel García (su entrenador) nos marca las rutinas", relata.

Arévalo fue bronce mundial Sub-23 en 2016 y aspiraba a hacer su debut olímpico en Río 2016. Pero Craviotto ganó la plaza junto a Cristian Toro en el K2 200 que a la postre sería campeón. Ese "palo enorme" le empujó a pensar en el futuro y, siguiendo el consejo de Saúl, ingresó en el Ejército. "La disciplina ayuda en las dos facetas".

En principio, no formaba parte del K4, pero Cristian Toro causó baja mes y medio antes del Mundial de Szeged y Arévalo ocupó su plaza. Trabajó el doble para acoplarse y las nubes negras dieron paso a un billete para Tokio. Aún así, como todos, tendrá que refrendar su puesto en unos intrincados trials internos. "Deberían simplificarse, se queja. Pero acatará lo que haya. Siempre a la orden. Para lo que sea.

El renovado K4 500 deja buenas sensaciones en su estreno

22 agosto, 2019 · Archivado en Aguas tranquilas, Alfonso Benavides, Carlos Arévalo, Deportes, Deportes acuáticos, Marcus Cooper Walz, Piragüismo, Rodrigo Germade, Saúl Craviotto · Comentarios desactivados en El renovado K4 500 deja buenas sensaciones en su estreno 

La singladura del K4 500 español en los Mundiales de Szeged (Hungría), donde persigue el pasaporte a Tokio 2020, comenzó con buenas sensaciones. Saúl Craviotto, Marcus Cooper, Rodrigo Germade y Carlos Arévalo, que se sumó al cuarteto tras la baja de Cristian Toro hace mes y medio, pasó a las semifinales del sábado al ser segundos en su serie y con el segundo mejor tiempo global. Sólo Hungría, a nueve centésimas, paleó más rápido. "Lo importante es cómo se termina, no como se empieza", advirtió el capitán Craviotto.

Pasaron directos a la final el C2 500 de Sete Benavides y Toni Segura y el K1 500 de Pelayo Roza. Otras siete embarcaciones se clasificaron para semifinales y el vasco Higinio Rivero logró un billete para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 al ser séptimo en VL 200.