Al Dortmund no le alcanza cuando pretende ser pragmático

27 mayo, 2020 · Archivado en Axel Torres, Borussia Dortmund, Bundesliga, Competiciones, Deportes, Equipos, Futbol, Ligas fútbol, Lucien Favre, Tácticas deportivas · Comentarios desactivados en Al Dortmund no le alcanza cuando pretende ser pragmático 

Comentábamos en la previa del decisivo encuentro del martes que la estrategia defensiva que decidiera utilizar Julien Favre determinaría el tono del encuentro. El técnico suizo optó finalmente por replegar con una línea de cinco y por solicitar a sus dos teóricos mediapuntas, Brandt y Hazard, que cerraran las bandas a la altura de Dahoud y Delaney. No había presión alta, y en las fases de largas posesiones del Bayern, el Dortmund vivió muy cerca de su portería dibujando un 5-4-1. Eso se tradujo en un choque cerrado, con un volumen de oportunidades en las dos áreas bastante más bajo que el de la mayoría de contiendas del cuadro amarillo. Es como si Favre hubiera asumido que a su equipo no le daba para competir con el gigante muniqués de tú a tú: el recuerdo del 4-0 de la ida pesaba mucho. Si en el intercambio de golpes tenía las de perder, optó por las precauciones. También así cayó, aunque es cierto que se aproximó más a un resultado positivo.

Sirva la jugada del gol decisivo para hacernos una idea de la aproximación conservadora del Dortmund. Cuando Kimmich, en teoría el futbolista más retrasado de la medular bávara, acelera hacia una disputa de balón con Haaland a unos diez metros de la frontal del área rival, los otros diez futbolistas del Borussia están por detrás del balón. Aunque hablemos de una foto fija de una acción concreta, es muy complicado encontrar otra como esta en cualquier encuentro de los de Favre esta temporada. Para contener la doble amenaza del líder por los costados, el suizo limitó las posibilidades de su propio equipo de hacer daño al contragolpe. Le exigía a Haaland carreras en solitario de muchos metros, o la habilidad para aguantar el balón el tiempo suficiente para que llegara la segunda línea. El noruego es arrollador si puede correr hacia su perfil bueno, pero el Bayern casi siempre se lo cerró. Y aunque sabe asociarse a pocos toques jugando de espaldas, no posee aún los recursos para esconder el balón y retenerlo hasta que le alcancen sus socios potenciales. En este sentido, el partido de la pareja de centrales visitante fue muy destacado, y conviene subrayarlo porque a Boateng, a menudo, se le sigue estigmatizando por acciones concretas a campo abierto en las que fue claramente superado en el pasado. Es evidente que no es el mejor del mundo a la hora de reaccionar ante giros a toda velocidad, pero es inteligente, sabe colocarse bien y forma una pareja con Alaba muy capaz de sostener a un cuadro dominador como el de Flick. Incluso todo un campeón del mundo como Lucas Hernández, un marcador excelente, va a tener dificultades para recuperar su plaza como titular.

Y quizá esta sea la gran diferencia entre los dos equipos que han optado al título alemán casi hasta el final. El nivel defensivo del Bayern le permite ganar todo tipo de partidos: aquellos en los que es el claro protagonista y aquellos en los que le toca vestirse de máquina pragmática. Cuando el Dortmund se disfrazó de equipo equilibrado, no le alcanzó para seguir clavando puñales.

La voz del amateurismo en la élite

11 abril, 2020 · Archivado en Axel Torres, Competiciones, Coupe de la Ligue, Deportes, Equipos, Futbol, Liga francesa, Ligas fútbol, Racing Estrasburgo · Comentarios desactivados en La voz del amateurismo en la élite 

Debutó en Primera División con 29 años. En Segunda, con 28. A los 25 estaba jugando en cuarta. Y a los 22, en quinta. Su único paso por la cantera de un club de cierta relevancia se produjo siendo un niño: entró en las categorías inferiores del Sochaux a los 12 y lo echaron a los 15. Dimitri Liénard había perdido toda esperanza de convertirse en un jugador profesional y vivía el fútbol como un aficionado. Trabajaba en un supermercado y tenía dificultades para llegar a fin de mes. En estos tiempos de debates sobre recortes en las plantillas de élite y de sacrificios de multimillonarios, sus palabras han tenido mucho eco en los medios franceses: "Claro que estoy dispuesto a rebajarme el sueldo. Cuando cobras 100.000 euros al mes, pasar a cobrar 50.000 no te va a cambiar la vida. No creo que ningún futbolista se gaste todo lo que ingresa", dijo a L'Equipe.

Liénard juega en el Estrasburgo, club al que llegó en 2013 cuando militaba en National, la tercera categoría gala. Pese a su enorme dimensión social y a poseer un gran arraigo en el nordeste del país y más en concreto en la zona de la Alsacia, el Racing había perdido su estatus profesional por una mezcla de malos resultados deportivos y dificultades financieras. Un proceso de reconstrucción, con nuevos inversores y apoyo de las administraciones locales, lo reflotó. Liénard fue contratado por su experiencia y buenos registros en las divisiones regionales. Lo que nadie podía esperar era que iba a reproducir sus cifras de goles y asistencias en las categorías más altas.

Quizá porque su fortaleza principal es el golpeo de balón, ha sabido adaptarse a un fútbol con más ritmo en el que hay menos tiempo para pensar. Al fin y al cabo, el balón parado no cambia. Su precisión en los centros en los saques de esquina y en las faltas laterales sigue regalando asistencias a sus compañeros más expertos en el juego aéreo, y la mezcla entre potencia y efecto que imprime a sus disparos en las faltas directas ya ha sorprendido a guardametas del máximo nivel en la Ligue 1. El Marsella o el Lyon han sido víctimas de sus golazos en estos tres años que lleva en primera, y la productividad de sus envíos cruzados le ha hecho integrar a menudo onces ideales semanales de la liga al lado de figuras como Neymar o Mbappé.

Zurdo, capaz de jugar por dentro pero mucho más acostumbrado a actuar en la banda a pie natural, Liénard sabe que a sus 32 años no tiene mucho recorrido por delante como para plantearse llegar a clubes de mayor dimensión, pese a que sus estadísticas en la liga lo sitúan entre los centrocampistas más importantes en la generación de ocasiones de gol. Pero lo que ha vivido en los últimos tiempos no podía ni soñarlo: levantó la Copa de la Liga la temporada pasada, marcando un gol a lo Panenka en la tanda de penaltis de la final frente al Guingamp, y en consecuencia se estrenó en competiciones internacionales disputando las previas de la Europa League, donde el Estrasburgo acabó cayendo ante el Eintracht de Frankfurt.

Semifinales sin el Madrid ni el Barça

La caída del Madrid y el Barça de la Copa ha enfriado el entusiasmo de algunos con la nueva fórmula. O no tan nueva: ya se utilizó a principio de siglo, por Villar, durante algunos años hasta que se desechó. A ello contribuyó que un año llegaran a la final, con todo el mérito, Mallorca y Recreativo. Final que se jugó en Elche. Parecía que la Copa perdía demasiado ‘glamour’ con el sistema y de ahí que, con presión televisiva, se descartara hasta que Rubiales la recuperó. A mí me sigue gustando, aun sin Madrid y Barça, y me sumo a los argumentos que expuso en este mismo periódico Áxel Torres. Este modelo derrocha emociones.

En cuanto al Madrid y el Barça, cayeron por razones distintas. El Barça no lo mereció, simplemente eso. Perdió un partido que manejó mejor, por un gol de muy última hora. Le contrarió, porque se ha aficionado a esta competición y hubiera tenido un camino fácil hacia el título. En el Madrid, por jugar en casa, Zidane se confió demasiado. Una alineación así no la sacaría en LaLiga salvo necesidad por partido dramático de Champions a la vuelta de tres días. No quería tirar la Copa, seguro, pero puso menos carne en el asador, según uso histórico del club, que a esta competición siempre dedicó menos desvelos que a las otras dos.

Pero encabezan LaLiga, como suelen, así que los árabes pueden estar tranquilos con su Supercopa. También faltan Atlético, Sevilla y Valencia, pero los que están no merecen ningún desprecio y representan lo que este modelo de Copa propone: abrir el fútbol a la sorpresa, tanto más necesaria ahora que LaLiga ha caído en la monotonía escocesa de o el Madrid o el Barça. De los cuatro que quedan, Athletic, Granada, Real Sociedad y Mirandés, saldrá una buena final y un campeón que hoy ya no podría serlo de LaLiga, pero que encarnará la ilusión de todos de poder ganar un gran título nacional, ahora que el otro se ha quedado para dos.