Un informe atribuye 41 muertes por coronavirus al Liverpool-Atleti

Dos meses y medio después en Inglaterra siguen dándole vueltas a ese partido, el Liverpool-Atlético y qué papel tuvo en la extensión del coronavirus en el país británico. Tres días antes de que España decretara el estado de alarma, 3.000 hinchas del Atlético viajaron a Liverpool para vivir desde las gradas de Anfield la vuelta de los octavos de final de esta Champions. Aterrizaron sin controles de temperatura o controles a secas, pero cuando se fueron, dejaron tras sí decenas de dedos acusadores. El último lo ha publicado esta mañana el diario The Times.

La cabecera publica un estudio realizado por Edge Health , que analiza datos del Servicio Nacional de Salud Británico (NHS), y que ha decretado que este partido provocó la muerte de 41 personas por coronavirus entre 25 y 35 días después. España tenía 640.000 casos positivos el 11 de marzo, según estiman el Imperial College de Londres y la Universidad de Oxford, un 640% más de los que en ese momento había en Gran Bretaña, según calcula el mismo informe, que data los positivos por la COVID-19 en 100.000.

"Estamos viendo las consecuencias de esto aquí" 

"Fue vergonzoso y ahora estamos viendo las consecuencias de eso aquí", declaraba ya pocos días después el exjefe de Salud Pública de Liverpool, John Ashton la decisión de que ese partido siguiera adelante cuando en Europa el fútbol ya se jugaba a puerta cerrada (como el Valencia-Atalanta). "No se debió permitir pero no fue decisión mía”, asumió el alcalde de Liverpool, Joe Anderson. "En ese momento, Madrid ya estaba experimentando un brote agudo de coronavirus y el Atlético había recibido la orden de jugar partidos en su propio estadio a puerta cerrada. Muchos cuestionaron la decisión en ese momento, pero la UEFA y el gobierno del Reino Unido no impusieron ninguna restricción para que el partido se desarrollase normalmente", finalizó. Instalaron geles en el estadio. De poco, parece, sirvieron.

 

Un año del Big Bang de Liverpool

6 mayo, 2020 · Archivado en Anfield, Champions League, Competiciones, Deportes, Equipos, Estadios fútbol, FC Barcelona, Futbol, Instalaciones deportivas, Liverpool FC · Comentarios desactivados en Un año del Big Bang de Liverpool 

Ya se ha filmado un capítulo de un documental (Matchday), pero es posible que algún día se escriba un libro. Este jueves hace un año del Big Bang de Liverpool, una de las derrotas más dolorosas de la historia del Barça que coincidirá ya para siempre, curiosamente, con el aniversario de la derrota en la final de la Copa de Europa de 1986 ante el Steaua. Seguramente, y junto a la final de los palos Berna, en 1961, los tres golpes más duros de la historia del club, más incluso que la final de Atenas ante el Milán de 1994. Anfield, Sánchez Pizjuán y Wankdorf, estadios para siempre malditos.

Lo de Liverpool, sin embargo, exploró los límites de un desastre. Nadie, absolutamente nadie, podía pensar que el Barça podía quedar eliminado en Anfield. O tal vez sí. Los mismos jugadores. Los entrenamientos posteriores al 3-0 de la ida en la mayor exhibición de Messi desde la semifinal de 2015 ante el Bayern, habían tenido muy poco de eufóricos. Una especie de preocupación envolvía el trabajo de los futbolistas. Sólo Suárez era capaz de recordarles a los jugadores que ir a Anfield tampoco era el fin del mundo. Y que llevaban tres goles de ventaja... Además, el Barça ya había ganado LaLiga, lo que permitió a Valverde dar descanso a todos sus titulares en Vigo. Y mientras los titulares azulgranas preparaban el partido en una atmósfera de balneario de Sant Joan Despí, el Liverpool se jugaba la vida en Newcastle, donde dos nombres adquirieron protagonismo. Salah se lesionó y Origi, un semidesconocido para el gran público, marcó en el 86' el gol de la victoria en St James' Park (2-3).

El entrenamiento previo al partido pareció una verbena. Después de la rueda de prensa de Suárez y Valverde, el césped se llenó para ver los quince minutos a puerta abierta de los jugadores. Lo que más impactaba de la escena no era el más de centenar de periodistas que lo veía desde la grada, sino la cantidad de gente que se arremolinaba en la salida del vestuario, casi para hacerse fotos con los héroes. El Barça había llenado un chárter con familiares, compromisos, directivos y familiares de directivos. Valverde miró espantado y con cara de asombro la escena, que incluía fotos con los jugadores antes de empezar a trabajar. No parecía la mejor forma de entrenarse pero pelillos a la mar. Quién podía ponerse en lo peor.

La noche previa, Liverpool ya estaba llena de barcelonistas. Pero las conversaciones en las cenas y en el Cavern no tenían que ver con el supuesto trámite de Anfield, sino con las gestiones para conseguir entrada para la final del Wanda. Klopp y Alexander-Arnold habían hablado en la rueda de prensa y, como el año anterior en Roma con Nainggolan o Di Francesco, no se habían entregado. Pero como a la Roma, nadie les había hecho caso

El día siguiente amaneció algo desapacible en Liverpool, pero a quién le importaba en el hotel Hilton. Allí, con todos los lujos, debía pasar el Barça las últimas horas antes de pisar la final cuatro años después. Era su momento. El Liverpool, mientras, se había concentrado en el Hope Street Hotel, que estaba en la calle que lleva el mismo nombre: "esperanza". Salah, que luego aparecería en Anfield con la famosa camiseta del Never Give Up no se presentó y se eliminaron las teorías de las conspiración que aseguraban que el egipcio era el arma secreta de Klopp. Jugaría Shaqiri.

Algo mágico rodea siempre Anfield y esa noche no fue distinto. Pese a la tremenda ventaja del Barça en la ida, pese a las bajas del Liverpool, había una electricidad tremenda en el campo. La entrega de la afición en los minutos previos al partido podía entenderse como el reconocimiento a un equipo que lo había dado todo y que parecía que se iba a quedar las puertas de la Premier, otra vez y de la Champions. Pero había algo más. Podía masticarse que allí podía pasar algo, más cuando el Barça se metió solito en la cueva en los primeros cinco minutos. En el vestuario, Messi mandó un mensaje que parecía de atención y de motivación, pero que pudo volverse en su contra. "Lo de Roma fue sólo culpa nuestra". Quería despertar a sus compañeros, avisarles de que salieran de puntillas al campo. Pero tal vez el mensaje terminó siendo contraproducente y lo que despertó fueron viejos fantasmas. Aunque, seguramente, los fantasmas ya estaban en las cabezas de todos.

Cuando el Liverpool hizo el 1-0, las imágenes de Manolas pasaron por delante de todos los jugadores del Barça que, sin embargo, salieron bien del trance. Por la importancia de los hechos, se ha olvidado que el Barça se repuso bien pasado el cuarto de hora y debió llegar con la eliminatoria liquidada al descanso. Messi, cuya cabeza fue zarandeada con maldad por un lamentable Robertson en la primera jugada del partido, dejó solo a Coutinho y Alba. Alisson Becker, el portero que Monchi vendió a Klopp, hizo dos paradas que le valieron la consideración meses después de mejor guardameta del mundo. El partido se fue, por puro accidente, con 1-0 al descanso y con Robertson, un puñal por la banda izquierda, lesionado. A Klopp se le encendió la bombilla y metió en el campo... a Wijnaldum. "Du-duh, Du-duh, Wij-nal-dum", cantó Anfield. Mientras Klopp, se supone, daba voces, Alba lloraba en el vestuario. ¡Con 1-0! Valverde sacó rabia y pidió a sus jugadores salir de la primera presión de los reds y matar el partido al contragolpe. Todos lo sabían. Un gol cerraba la eliminatoria.

Cuando fue a empezar la segunda parte, era imposible no recordar a Shankly, que en una de sus frases célebres dijo que él había visto meter goles a The Kop. Tanto como lo había visto salvarlos. Hacia la portería de The Kop empezó a atacar el Liverpool. Wijnaldum y Origi, en uno de los goles que están ya en la leyenda negra del Barça y que no merece ni descripción porque dio la vuelta al mundo tanto como el 4-0, dejaron en shock al Barça. 4-0. En el último gol no estaba mirando el 80 por ciento de los jugadores. Tampoco el 80 por ciento de la afición ni el 80 por ciento de los periodistas, o más, que preparaban sus crónicas en el 'intering' antes del lanzamiento de Alexander-Arnold.

Aquel Barça desnortado, ese Messi negando con la cabeza mientras miraba el fondo donde la afición azulgrana asistía atónita al desenlace del partido; ese Ter Stegen entre lágrimas pidiendo perdón... Durante muchas ocasiones esta temporada (Granada, Bilbao dos ocasiones, especialmente la Copa, Madrid) da la sensación de que aquel Barça se quedó en Liverpool. Que allí se cerró un ciclo. A las 0:30 horas, Michael Robinson estaba reflexionando en la zona de trabajo de los periodistas: “Menos mal que he venido...”.

Un par de semanas después, el Barça también perdió la Copa del Rey en el Benito Villamarín ante el Valencia. Se habló entonces de una revolución total pero lo cierto es que un año después nada ha cambiado en el Barça. Ter Stegen, Sergi Roberto, Piqué, Lenglet, Jordi Alba, Busquets, Vidal (Arthur), Messi y Suárez siguen en el equipo y siguen siendo titulares. Rakitic ha sido sustituido por De Jong y Coutinho por Griezmann. Lo de Liverpool pudo ser un fin de ciclo, pero el vestuario no ha limpiado como se insinuó en las horas posteriores al desastre de Liverpool. Sólo se atacó a la figura más débil, Ernesto Valverde, que luchó por estirar hasta donde pudo la salud y la frescura de sus jugadores. Y que sólo perdió dos partidos de Champions en sus dos años y medio en el Barça. Dos derrotas, sin embargo, devastadoras, que zarandearon todos los cimientos de un Barça que, pese a todo, no cambió porque vive en la era Messi y hasta que Messi no diga basta alargará ese ciclo.

El 7 de mayo, sin duda, es el cumpleaños negro del Barça. El de la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Steaua. El del 'Titanic' en Liverpool.

Anfield, casi única luz en un año de sombras rojiblancas

1 mayo, 2020 · Archivado en Anfield, Atlético Madrid, Deportes, Equipos, Estadios fútbol, Futbol, Instalaciones deportivas, Kieran Trippier, Simeone · Comentarios desactivados en Anfield, casi única luz en un año de sombras rojiblancas 

Mientras Thomas sigue deshojando la margarita, ahora me voy-ahora me quedo, la FA acusa a Trippier de haber violado la regla de apuestas solicitando una sanción y la inhabilitación del lateral derecho rojiblanco. Última muesca de una temporada que está siendo complicada para los rojiblancos en muchos aspectos, siendo la victoria en Anfield ante el Liverpool, hasta el momento vigente campeón de Europa, en los octavos de final de la Champions, la luz que ilumina esta temporada, estos días difíciles en los que el club rojiblanco ha tenido que enfrentarse a varias duras pérdidas, las de Peiró Capón y Jones por coronavirus, el chaval Christian Minchola y un icono como Radomir Antic a causa de una pancreatitis

La lucha por la Champions

El Atlético era sexto cuando llego el parón a causa de la COVID-19 o lo que es lo mismo: fuera de los puestos que dan acceso a la próxima Champions por primera vez desde que Simeone llegó al banquillo rojiblanco a falta de once jornadas de Liga. De hecho, la propuesta de la FEF hace semanas, con la propuesta de dejar fuera al Atlético de la Champions, obtuvo una dura réplica por parte de Gil Marín, consejero delegado rojiblanco: "Decisiones así sólo sirven para enfrentar". No clasificarse para la Champions en cuanto se pueda reanudar la competición podría traer consigo consecuencias inmediatas: el Atlético cuenta con esos 77 millones que la Champions ha reportado hasta el momento esta temporada para no perder su status y, para alcanzarlos, podría verse obligado a vender jugadores insignia en estos momentos como el propio Thomas o Saúl, ambos pretendidos por grandes de Europa

Problema de gol

Antes de que el verano pasado finalizara la voz de Simeone ya repetía esa frase como un mantra. "Necesito gol, necesito gol". Morata y Costa eran los únicos 9 puros. El club tanteó el mercado pero la operación que se buscó, Rodrigo del Valencia, requería la salida de Correa al Milán que no se produjo (y menos mal que muchos pueden pensar con el correr de los meses; el argentino es otra de las pocas luces del Cholo esta temporada). En cuanto comenzó la temporada se comprobó que el Cholo tenía razón. En la jornada 16ª de Liga ya era un hecho su pérdida de puntería: 16 goles, el peor registro goleador de su historia

Lesiones

Aunque el equipo no ha sufrido la plaga de lesiones musculares de la temporada anterior, casi 50, durante los meses de diciembre y enero Simeone miraba a su espalda en los partidos y su banquillo eran Adán y chavales, las lesiones volvían a apretar el nudo de su corbata. Costa operado de una hernia discal cervical, João Félix un mes fuera, el Cholo sin delanteros. Curiosamente, cuando el entrenador argentino había recuperado a todos sus jugadores, llegó el parón en las competiciones a causa de la crisis del coronavirus. Sólo Morata, lesionado en Anfield, necesitó estos días para recuperarse de su lesión. El resto ya no. Ya lo estaban. 

Los fichajes

Mientras durante meses lo mayor regularidad de João Felix fue en la pretemporada, su rendimiento más chispazos que algo continuo, Lemar seguía escribiendo su esquela en el Atlético partido a partido. De clase innegable, la camiseta pesa, nada le sale y, para la afición, el segundo fichaje más caro de la historia del Atlético (70 millones) era un absoluto desastre. Ante la diáspora de verano, el Atlético prácticamente sustituyó jugador por jugador, apostando por la juventud. De momento entre los fichajes, una gran luz: la de Felipe... Hasta que Marcos Llorente encendió la suya.  

La luz de Anfield

Y, entonces, llegó Anfield para espantar cualquier duda, cualquier sombra. El Atlético hizo honor a su himno y amedrentó al Liverpool en la ida del Wanda Metropolitano. Ese Liverpool que viajaba a Madrid habiendo perdido solamente dos partidos en la toda la temporada. Vapuleado y vencido, aún quedaba la segunda parte de esta eliminatoria: Anfield. El equipo de Klopp logró darle la vuelta a la eliminatoria mientras Oblak resistía bajo el bombardeo hasta la aparición de Marcos Llorente. Dos goles en la prórroga volvieron a poner al Atlético en su sitio. En cuartos. Ahora está por ver si finalmente la Champions logra reanudarse en la crisis a causa del coronavirus. Anfield, esa luz a la que agarrarse bajo ese lema: "Nunca dejes de creer".

De puerta cerrada a cierre a cal y canto

12 marzo, 2020 · Archivado en Anfield, Atlético Madrid, David Aganzo, Deportes, Equipos, España, Estadios fútbol, Europa, Europa occidental, Futbol, Holanda, Instalaciones deportivas, Italia, Luis Rubiales, Organizaciones deportivas, Portugal, Real Madrid, UEFA · Comentarios desactivados en De puerta cerrada a cierre a cal y canto 

El fútbol a puerta cerrada ha dado paso al fútbol cerrado a cal y canto. Dos días después de que Italia entera se metiera presa a sí misma lo ha hecho nuestro fútbol (lo mismo que el baloncesto), de forma voluntaria, sin mediar instrucción gubernamental. Ha sido una decisión de Rubiales tras llamamiento de Aganzo que ha venido reforzado por la cuarentena madridista. Antes de verse arrastrado por la ola, Tebas anunció un paro de dos semanas, tiempo calculado para que la normalidad regresara al Madrid. (Las cuarentenas han menguado en duración, como los minutos de silencio). Pero el cierre no durará sólo dos semanas, es ‘sine die’.

Ni Italia ni España ni Portugal ni Holanda. ¿Seguirán otros? Es posible. De momento, los clubes de estos países miran a la UEFA, que ayer mantenía sus partidos de Europa League y hasta el martes no decidirá sobre la Champions. Estas ligas interrumpidas (y las que aparezcan) necesitarán más tiempo por detrás para su conclusión, y ese sólo podría salir de un aplazamiento de un año de la Eurocopa. Sería muy prudente. Esta edición estrena fórmula y se va a disputar en 12 países. Y el partido inaugural es justo en Italia. Para la UEFA supone detener un tren en marcha con pocos metros de vía por delante, pero tendrá que decidirse a hacerlo.

Esto nos ha cogido tan por sorpresa que se producen contrastes como el de ayer en Madrid: recién desembarcados 2.800 hinchas eufóricos del Atlético tras apiñarse, junto a ingleses, en Anfield, el fútbol nacional bajaba la persiana. Pero no es lo más grave que nos está pasando o nos pueda pasar. Lo más grave es el temido colapso del sistema hospitalario, que redundaría en perjuicio de quienes padezcan cualquier dolencia que requiera atención urgente. Lo único que podemos hacer es seguir las instrucciones para no ser vía de contagio, cruzar los dedos y esperar a que pase esta nube negra. Sin fútbol se puede vivir. Sin hospitales, no.

Oblak, Llorente y una noche inolvidable

11 marzo, 2020 · Archivado en Adrián, Álvaro Morata, Anfield, Atlético Madrid, Diego Costa, Francisco Gento, Francisco Llorente, Jan Oblak, Jurgen Klopp, Liverpool, Marcos Llorente, Ramón Grosso, Real Madrid, Saúl Ñíguez · Comentarios desactivados en Oblak, Llorente y una noche inolvidable 

El Atlético, para bien y para mal, como le quieren los suyos. Esta vez ha sido para bien. Resistió el bombardeo del Liverpool en una noche británica de frío y lluvia, donde el estruendo continuo de Anfield se agigantaba cada vez que los hombretones de Klopp llevaban el balón hasta el área chica del Atlético, que eran muchas. Pero allí estaba Oblak, último cierre de una defensa ordenada, para ir retrasando el gol que se mascaba una y otra vez. El Liverpool no desesperaba: pegaba, recuperaba, atacaba, remataba... Así un minuto tras otro, con todo a favor, incluido el caserismo del árbitro holandés, que les consentía todo.

El primer gol no llegó hasta el borde del descanso. Casi en el pitido final, empató Saúl, pero en fuera de juego. De la exaltación a la decepción. Y pronto, en la prórroga, el 2-0. Parecía todo hecho. Pero compareció Llorente, en sustitución de un negado Diego Costa que se marchó con unos gestos que ahora se vuelven contra él. Llorente aportó su energía juvenil en apoyo del ataque. El gol que parecía imposible que marcara el Atlético lo hizo él muy pronto, tras un mal saque de Adrián que le permitió llegar con el balón a buena posición para resolver con un disparo sereno, cruzado con precisión de cirujano. Adrián gateó tras la pelota.

Aún doblaría la hazaña. En medio de la tormenta de pelotazos del Liverpool, encontró ocasión para una llegada rápida al área en la que se deshizo con la fría majestuosidad de los grandes delanteros del periodo clásico y disparó al mismo rincón. Hijo de una hija de Grosso y de un sobrino de Gento, Paco Llorente, jugador sucesivo del Atlético y del Madrid, lució todo ese exquisito pedigrí en esas dos jugadas estupendas y en una tercera, ya en los últimos instantes, cuando lanzó a Morata para la consecución del tercero. 1-0 en Madrid, 2-3 en Anfield. El Atlético ha eliminado al campeón y Llorente ha hecho honor a sus ancestros. Noche inolvidable.

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