La habitación del éxito

5 octubre, 2019 · Archivado en 110 metros vallas, 800 metros lisos, Adrián Ben, Asia, Atletismo, Campeonato mundial, Carreras obstáculos, Competiciones, Deportes, Doha, Mundiales Atletismo, Oriente próximo, Orlando Ortega, Qatar · Comentarios desactivados en La habitación del éxito 

La habitación 32.010 del Hotel Ezdan de Doha es la habitación del éxito. En esos 40 metros cuadrados han convivido Adrián Ben (sexto en 800) y Orlando Ortega (bronce en 110 vallas), los dos mejores clasificados de España en los Mundiales junto a Ana Peleteiro (sexta en triple). Dos perfiles bien diferentes, porque Ben, de 21 años, era el novato que debutaba en el Mundial. Y Orlando, plata olímpica y con dos Diamonds League, conoce de sobra la élite a los 28.

"¿Tú te pones nervioso cuando compites?", le preguntaba el primer día el de Viveiro a Ortega. Como buen gallego, seguía con los interrogantes: "¿Te imaginas que tocas una valla y te quedas fuera?". Orlando sacó su filosofía de ganador: "Pero por qué voy a tocar la valla, si pasé más de 1.000 este año. Si piensas que vas a fallar, fallas. Si consideras que puedes perder, pierdes". Fue una revelación para Ben: "Ahí me conciencié de salir en la eliminatoria de 800 a piñón. ¡Que no va a fallar nada, que vamos a liarla! ¿Por qué va a salir mal? Me tranquilizó y eso que yo me pongo nervioso hasta en los entrenamientos".

Ortega, aparte de ser uno de los mejores atletas del mundo, intenta "servir de modelo" a otros: "Siempre procuro ayudar a los chicos jóvenes mentalmente, que saquen su lado más positivo cuando se enfrenten a competiciones importantes. Este chaval tiene 21 años, posee un mundo por delante. Era su momento de disfrutarlo, y lo hizo. Estuvo genial, tiene por delante muchísimas más carreras así".

Orlando comenzó a competir el lunes, un día después de que Ben pasara a la final. El gallego explica cómo se portaba el vallista: "Él optaba a ser campeón del mundo y yo aspiraba a unas semifinales y poco más. Y Orlando se quería marchar de la habitación y sentarse en recepción para dejarme mi horario de reposo. ¿No debió ser al revés? En todo caso me tendría que haber ido yo, que él era el bueno. Orlando es cuadriculado y meticuloso, como debe ser una estrella. Me sorprendió mucho, para bien". Ortega ofrece su razonamiento: "Me gusta respetar los espacios de descanso y de concentración. Yo en eso soy muy enfocado".

Ben corrió la final de 800 el martes con 1:45.58 y se convirtió en el mejor español de la historia en unos Mundiales en esa distancia. "Seguro que estar con él en la habitación me dio energía positiva", confirma Orlando, que compitió el miércoles: semifinales y la dichosa final. Terminó quinto tras la invasión de calle de McLeod y luego le dieron el bronce a los dos días. "Vaya bajón que le pasara eso, pero luego vino la medalla... y fue un subidón", dice Ben sobre el desenlace de Ortega, que aquella jornada "lloró mucho: "Fue la más larga de mi vida". Cuando tuvo el bronce Orlando y Adri se abrazaron.

"Si es que no soy ni el mejor de mi habitación, aunque no está mal cómo nos portamos", bromea Ben. "Esto nos dio suerte, a la próxima repetimos", cierra el vallista. Una foto y se dieron otro abrazo. La 32.010, la habitación del éxito.

El atletismo sube el tono

Los Mundiales de Doha se clausuran este domingo sin representación española con un panorama muy diferente al de hace dos años, cuando Adel Mechaal rozó el podio en los 1.500 y el equipo de 4x400 terminó quinto con récord nacional en el cierre. En esta ocasión, España no dispondrá de ninguna bala dominical, se despedirá con ese vacío, pero el regusto de los campeonatos no debe dejarlo esta última jornada, sino la actuación de los diez días.

Y ahí, los resultados objetivos y el tono general de la Selección sí han superado a Londres 2017. Entonces hubo cinco finalistas, que sumaron 14 puntos en la clasificación que establece la IAAF con las posiciones de los ocho mejores. Peor aún fue el cómputo de Pekín 2015, con dos atletas en esos puestos y 12 puntos, aunque el oro de Miguel Ángel López maquilló el rendimiento del grupo. Esta vez han sido ocho finalistas, uno de ellos con medalla, el bronce de ida y vuelta de Orlando Ortega, para una nota total de 19. Los fríos números dictan que España ha progresado en Qatar. Y también esas otras sensaciones que no se pueden medir.

El abanico previo oscilaba entre cero y cuatro medallas. Esto es atletismo. Una o dos se esperaban en la marcha, que tanta alegría proporcionó en los últimos Europeos, pero se ha quedado en tres octavos puestos. Las condiciones de calor y humedad pueden esgrimirse en su descargo, aunque no sirven totalmente de excusa cuando el viernes vimos a un ruso y un sueco en el podio de los 20 kilómetros.

Al margen de las bazas fallidas, el talante ha sido bueno. La marca de Fernando Carro, que acabó undécimo, le hubiera otorgado medalla en once Mundiales anteriores. El descaro de Adrián Ben también ha encandilado, Ana Peleteiro aún tiene grandes saltos que ofrecer, Chuso García Bragado es un abuelo ejemplar... No hay motivos para tirar cohetes, pero la actitud ha cambiado.